Ficha técnica

Título: Rescate | Autor: David Malouf |  Traducción: Vanesa Casanova | Editorial: Libros del Asteroide | Género: Novela | ISBN: 978-84-92663-57-6 | Páginas: 510 | Formato:  12 x 12,5 cm. | PVP: 16,95 € | Publicación: 23 de enero de 2012

Rescate

LIBROS DEL ASTEROIDE

Hacia el final de la Guerra de Troya, Aquiles, furioso por la muerte de su compañero Patroclo a manos de Héctor, hijo de Príamo, rey de Troya, lo mata y profana su cadáver arrastrándolo con su carro alrededor de las murallas de Troya durante once días. Príamo decide rebajarse como ningún rey lo había hecho antes: arrodillarse ante su enemigo, el asesino de su hijo, y suplicarle que le devuelva el cuerpo de su hijo a cambio de un rescate.

En esta historia del encuentro entre Príamo y Aquiles, dos hombres poderosos devastados por la pena, que apenas ocupa unos versos de la Ilíada, David Malouf descubre una de esas «historias no contadas que encontramos en los márgenes de escritores anteriores», como reconoce él mismo al final del libro.

En su primera novela después de diez años, Malouf, uno de los más prestigiosos escritores australianos contemporáneos, recupera esta conmovedora escena de la Ilíada para volver sobre temas como la guerra, el azar, el destino, la camaradería o el amor filial que siguen hoy tan vigentes como hace tres mil años.

«Una obra maestra exquisitamente escrita, concisa y sabiamente conmovedora, construida con tan buen oficio que deja al lector preguntándose cómo demonios se ha logrado.» Alberto Manguel (The Australian)

«David Malouf ya era un maestro hace treinta años. Ahora, en su cuarta década creativa, no solo es un escritor de primera fila en el panorama internacional, sino que entre los lectores se ha convertido en algo más, en algo especial: un autor muy muy querido.» J.M. Coetzee

«Que esta enternecedora novela perviva durante tanto tiempo y de manera tan persistente en la mente es un testimonio tanto de la poesía de Malouf como de su reverencia por el eterno poder del mito.» Steve Coates (The New York Times)

«Lírica, astuta, ligera, es sobre todo una historia de transformación. Príamo parte como un rey y regresa como un hombre.» Elizabeth Speller (The Independent)

«Aunque por la moderada ampliación de los detalles del relato, el vigoroso lenguaje y el astuto ingenio de Malouf estos héroes trágicos se vean humanizados, esta historia es inequívocamente épica y ciertamente materia de leyenda.» Publishers Weekly

«Si a uno le diera por preguntar a un grupo de lectores australianos quién sería su candidato nacional al Nobel, el nombre más presente sería el de David Malouf.» Enrique de Hériz (El Periódico

 

UNO

La mar tiene muchas voces. La voz que este hombre ansía oír es la voz de su madre. Alza la cabeza, vuelve el rostro al aire gélido que entra por el golfo y prueba el sabor penetrante de su sal en los labios. La superficie del mar, de un lustroso azul plateado, se infla y refulge como una membrana que se estira hasta convertirse en una fina capa transparente donde en una ocasión, durante nueve ciclos lunares, había permanecido acurrucado en el sueño pretérito de la existencia, acunado y cómodo. Ahora se agacha sobre los guijarros que se acumulan en la orilla, apretando la túnica entre sus muslos. El mentón bajo, los hombros encorvados, atento.

   A veces el golfo se encrespa. Sus voces retumban tanto en su cabeza que le parece estar en pie, inmóvil, en el fragor de la batalla, pero hoy, a la luz del amanecer, la superficie marina se asemeja a un lago. Pequeñas olas se deslizan hasta sus pies calzados con sandalias para después perderse con un repiqueteo cuando las piedras lisas quedan sueltas y salen rodando.

   Nuestro hombre es un soldado, pero cuando no está combatiendo es agricultor y la tierra, su elemento. Sabe que algún día volverá a ella. Todos esos átomos que milagrosamente se congregaron en el nacimiento para dar forma a estas mismas manos, estos pies, este antebrazo nudoso, se separarán y volverán a dispersarse, cada uno por su lado. Es hijo de la tierra. Pero toda su vida, en su otra naturaleza, se ha sentido atraído por el elemento materno, hacia lo que en todas sus formas, ora océano o lago, ora corriente, se muestra cambiante e incorpóreo, hacia aquello que, en un instante de calma, acepta el reflejo de un rostro, un árbol reverdeciente, pero que nada retiene y no puede ser en sí mismo retenido.

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