Ficha técnica

Título: Reflejos en el ojo de un hombre | Autora: Nancy Huston | Editorial: Galaxia Gutenberg | Traducción: Noemí Sobregués | Colección: Ensayo | ISBN: 978-84-15472-60-5 | Páginas: 272 | Precio: 19,50 euros

Reflejos en el ojo de un hombre

GALAXIA GUTENBERG

 

Hoy se da por sentado que todas las diferencias entre hombres y mujeres son el resultado de construcciones sociales. Sin embargo, los seres humanos están programados para reproducirse como el resto de los mamíferos, donde la seducción y la coquetería juegan un papel esencial. A partir de esta constatación simple pero convertida en anatema, Nancy Huston explora las tensiones introducidas en la sexualidad en los países occidentales por dos fenómenos contemporáneos: la fotografía y el feminismo.

Es éste un libro sensible y de gran actualidad, poderoso y brillantemente perturbador en el que, a partir de su propia experiencia y la de los hombres y mujeres que la rodean, Nancy Huston pone en evidencia las contradicciones de nuestra sociedad, la cual, mientras niega tranquilamente la diferencia entre los sexos, la exacerba a través de las industrias de la belleza y de la pornografía.

 

 

Prólogo

 

Guapa como una imagen

 

Unos ojos masculinos contemplan un cuerpo femenino: inmenso paradigma de nuestra especie.

Durante los dos millones de años de vida humana en la Tierra, el vínculo masculino entre mirada y deseo ha sido un simple dato de la existencia. El hombre mira, y la mujer es mirada. El hombre aprehende el misterio del mundo, y la mujer es ese misterio. El hombre pinta, esculpe y dibuja el cuerpo fecundo, y la mujer es ese cuerpo.

Es cierto que también las mujeres miran a los hombres, y que los hombres miran a los hombres, y que las mujeres miran a las mujeres…, pero lo específico de la mirada del hombre sobre el cuerpo de la mujer es que es involuntaria, innata, que está programada en el «disco duro» genético del macho humano para favorecer la reproducción de la especie, y por lo tanto es difícilmente controlable. Sus repercusiones son incalculables y en buena medida se subestiman.

En cuanto nos sensibilizamos con este tema, lo vemos por todas partes, por la sencilla razón de que está en todas partes. Es objeto de miles de refranes, expresiones y comentarios populares. «Esta mujer me ha entrado por los ojos», dicen los hombres franceses. «En aquella época no eras siquiera un destello en los ojos de tu padre», les gusta decir a los ingleses. Pensemos en los ojos del lobo de los dibujos animados de Tex Avery, que, cuando se posan en una criatura hermosa, se desorbitan y se convierten en penes… 

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