Ficha técnica

Título: Rapsodia para el teatro | Autor: Alain Badiou | Editorial: Adriana Hidalgo  | Colección: Fuera de serie |  Páginas 168 | ISBN: 978-84-15851-68-4 | Precio: 15,00 euros  |  Fecha:  febrero 2016 |

Rapsodia para el teatro

ADRIANA HIDALGO

Según Alain Badiou, la filosofía se ha visto desde siempre fascinada (y ejercitada) por el teatro. Por eso la filosofía ve en el teatro un modo de la Idea infectada por el deseo. La filosofía es un poco reacia con el teatro porque, para ella, la Idea latente del teatro no puede pretender más que a la particularidad genérica del arte, y no a la Gran Lección del maestro. El teatro sería la filosofía tomada por el desenfreno, la Idea en la subasta del sexo, lo inteligible en ropas de feria. De suerte que, desde el extremo filosófico (la Idea, lo inteligible), rivalizaría con el maestro, y por el extremo desenfrenado (el sexo, la feria) sería cómplice del psicoanálisis. El teatro es la corporización de la idea. Desde la perspectiva del deseo, es su vida; desde la perspectiva de la idea, es su tumba. De allí surgen los anatemas, y las disputas. El teatro como filosofía bastarda, o bastardía filosófica: impureza principal, lección desviada, análisis demasiado serio para ser verdadero, verdad demasiado lúdica para estar asegurada.  

«Una figura como Platón o Hegel camina aquí entre nosotros!» Slavoj Zizek 

 

GLORIA DEL TEATRO EN TIEMPOS OSCUROS

     En la actualidad, la década de 1980 es considerada, por lo general, como el punto de inflexión «neoliberal», es decir, brutalmente capitalista -como en 1840-, que desde hace treinta años afecta e infecta prácticamente a todos los pueblos del mundo. La desaparición de todo lo que había constituido el «campo socialista» -acelerada en el caso de la Unión Soviética desde la llegada de Gorbachov, rampante en el de China desde la muerte de Mao- en un sentido no fue sino la consecuencia de lo ocurrido en los años setenta: el fracaso de los intentos revolucionarios que habían producido el levantamiento, un poco en todas partes, en primer lugar de la juventud estudiantil y luego de amplios sectores del mundo obrero. Y esto tanto en los países imperialistas (Mayo del 68, las manifestaciones universitarias estadounidenses contra la guerra de Vietnam, los conatos armados en Italia, en Japón, en Alemania, la Revolución de los Claveles en Portugal…), como en los países socialistas (la Gran Revolución cultural proletaria).

     Esos movimientos hoy continúan siendo el tesoro histórico a partir del cual debemos pensar y que debemos transmitir a la juventud inquieta y desorientada de estos tiempos. Pero es cierto que primero, durante esos años ochenta, su repliegue, su adormecimiento y la aparición en ese vacío mental -el de los intelectuales incluido- de batallones enteros de renegados que se convirtieron a las bondades del capitalismo «democrático» constituyeron el terreno subjetivo donde el manejo reactivo de los amos del Capital encontraba cómo desplegarse sin preocuparse demasiado por las resistencias.

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