Ficha técnica

Título: Rapaces | Autor: Ignacio González Orozco | Editorial: Moixonia | Páginas: 195 | ISBN: 978-84-942220-2-3 | Precio: 18 euros

Rapaces

MOIXONIA

Mientras prepara su memoria de ingreso en una institución académica, un ornitólogo evoca los sucesos que vivió muchos años atrás, a finales del franquista, durante una viera de San Juan y en una población del Migjorn mallorquín, cuando iniciaba su andadura como investigador.

El rumbo de su vida posterior se decidió en unas pocas horas; un lapso de perplejidad y angustia en que pudo descubrir que varias personas ocultaban sin saberlo el mismo enigma,mis bien fraccionado en sus trágicos pormenores. Casualmente, él figuraba entre ellos como depositario del peor de los detalles, el único jamás compartido.

I

Durante unos cuantos años viví un lapso de deleite y paz en aquella aldea del interior mallorquín, S’Alqueria de Sant Joan, junto a las calas de Mondragó, donde el sol arranca una paleta de destellos intensos, del cárdeno al dorado, sobre la faz agreste de escolleras y farallones.

Cabe puntualizar que me regocijaban placeres poco convencionales, apartado como estaba de otro gozo que no fuera la dedicación plena a mis observaciones ornitológicas, verdadero deleite sensual para quien esto escribe. Tampoco pude disfrutar nunca de una larga temporada lejos del mundanal ruido, pues hubo de fragmentarse la estancia entre sucesivos períodos primaverales y veraniegos, cuando mi propio proceso de formación académica lo permitía.

A pesar de las apariencias, la paz del lugar no era cierta. Más bien se trataba de un estado de hibernación; una cesura en las intrigas, pendencias, aflicciones y venganzas acumuladas por el aluvión de la historia, debida a partes iguales a la ignorancia y el miedo.

Ocasiones hay en que toda una comunidad sospecha de la existencia de una realidad oculta, que la falta de evidencias impide precisar con detalle. No me estoy refiriendo a ningún portento sobrenatural, es todo mucho más sencillo. Tal vez se trate de una amenaza presentida, quizá de una sospecha con nombre y rostro; es siempre una intuición difusa, cuya compañía conturba los ánimos y estanca la vida de las personas, para suspenderlas en una espera que puede hacerse eterna.

A veces ocurre también que a ese temor, o a esa inquietud o molestia oculta, se le antoja emerger de la sima de la realidad por efecto de una combinación de causas no premeditada; una acumulación espontánea de factores que, como el agua de escorrentía, sobrepasa las condiciones del secreto -estas sí planeadas, como el diseño de los muros de una presa- para inundar el terreno de lo cotidiano. En tales casos, la verdad desvelada acomete de un modo salvaje y repentino, incluso si tarda en ser percibida. Cuando así ocurre, la epifanía de la verdad no puede deslindarse de la tragedia.

Lo cierto es que la explosión de aquella masa crítica de tramas, omisiones y secretos que fermentaba sus gases fétidos bajo la pátina de un orden secular impecable, no exento para el foráneo de ciertos rasgos bucólicos, se me desveló con toda su brutalidad una noche de junio de 1970, víspera de San Juan, mientras me reponía de un mal golpe del orgullo (más coloquialmente, de un ridículo como la copa de un pino).

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]