Ficha técnica

Título: ¿Quién mató a Ferrer i Guardia? | Autor: Francisco Bergasa | Editorial: Aguilar | ISBN: 978-84-03-59621-4| Precio: 28.50 € | Páginas: 648 págs. + cuadernillo de fotos de 8 páginas en blanco y negro | Formato: Rústica 15×24 | Fecha de publicación: 04/3/2009

¿Quién mató a Ferrer i Guardia?

AGUILAR

 

El 13 de octubre de 1909, hace ahora exactamente cien años, moría fusilado en el castillo de Montjuïc el pedagogo, anarquista y librepensador catalán Francisco Ferrer i Guardia, condenado a la última pena en virtud de una polémica sentencia que lo consideró «autor y máximo responsable» de los sucesos revolucionarios conocidos históricamente como la Semana Trágica.

Con la ejecución de Ferrer i Guardia la España dogmática e intransigente, encarnada en el Gobierno de Maura, pretendió saldar, en un controvertido ajuste de cuentas, la deuda que con ella tenía contraída el creador de la Escuela Moderna, cuyas ideas políticas y pedagógicas representaban un ataque frontal a los valores defendidos por el sistema canovista. Y para ello no dudó en instruir un proceso arbitrario y tendencioso, viciado en todos y cada uno de sus autos, y falto de las más indispensables garantías jurídicas, que desembocó en un fallo escandaloso, considerado por historiadores y juristas como uno de los más flagrantes errores judiciales de la historia moderna.

Ferrer i Guardia fue la cabeza de turco elegida por quienes defendían el eufemismo de la «revolución desde arriba» para advertir a los que la intentaban «desde abajo» del alto coste que suponía disentir de un régimen ineficaz y caduco empeñado en perpetuar sus prerrogativas, al que la injusta muerte de aquél dio el golpe de gracia en el proceso de su desintegración definitiva.

En un tiempo en el que la memoria histórica reclama un lugar junto a la verdad oficial, dispuesta siempre interesadamente a olvidarla, parecía obligado aprovechar el centenario de aquel escándalo judicial para reivindicar la inocencia de su protagonista. Y acercar, a la vez, hasta el lector toda una suerte de prácticas perversas (la instrumentalización de la Justicia, la intromisión de la Iglesia en el orden civil, el servicio de la propaganda mediática al descrédito del adversario o la inevitable y perenne confrontación de las dos Españas), tan presentes en la causa aquí investigada, y que continúan plenamente vigentes un siglo después de aquellos hechos.

 

INTRODUCCIÓN

En la madrugada del 13 de octubre de 1909, hace ahora exactamente cien años, moría fusilado en el foso de Santa Amalia del castillo de Montjuïc, el librepensador, pedagogo y anarquista catalán Francisco Ferrer i Guardia. Apenas setenta y dos horas antes un tribunal militar, constituido a efectos de juzgarle en la Cárcel Modelo de Barcelona, le consideraba «autor y máximo responsable» de los sucesos revolucionarios del mes de julio de ese mismo año, conocidos históricamente como la Semana Trágica, y le condenaba, en consecuencia, a la última pena. Una ejecución esta, con la que el Gobierno Maura culminaba la política represiva que siguió a tales acontecimientos, y que, por las anómalas y excepcionales circunstancias en que su proceso fue instruido, se nos ofrece hoy como el resultado de uno de los casos más flagrantes de la instrumentalización política, de la que, en no pocas ocasiones, ha venido siendo objeto la Justicia.

La trayectoria conspirativa y el activismo revolucionario de Ferrer i Guardia no ofrecen en estos momentos duda alguna. Tanto las valoraciones que siguieron inmediatamente a la rebelión de julio como las aportaciones que la bibliografía posterior han añadido a su estudio coinciden en vincularle con no pocos de los movimientos desestabilizadores con que durante ese periodo se intentó reiteradamente atentar contra las instituciones del Estado. Su participación en la revuelta insurreccional de Santa Coloma de Farnés en 1884; su actividad como correo y directo colaborador del líder del republicanismo Manuel Ruiz Zorrilla, en aquella época exiliado en París; sus conexiones con los más decididos defensores de la acción directa, incluida su relación, nunca probada, con los distintos atentados de que fue objeto Alfonso XIII, por el último de los cuales, el de mayo de 1906, sería procesado; su apoyo a la implantación en Barcelona de la pedagogía libertaria, a través de la Escuela Moderna, que fundó en 1901; su empeño en fracturar el sistema político, jurídico y social a través de la revolución, y su contribución moral y económica a cuantas actividades subversivas persiguiesen el propósito de socavar el sistema de valores entonces vigente convierten su figura en la de un empeñado activista, un permanente conspirador y un decidido enemigo del orden establecido.

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