Ficha técnica

Título:  Purgatorio | Autor:  Tomás Eloy Martínez | Editorial: alfaguara | Colección: Hispánica | Género: Novela |  Fecha de publicación: 28/1/2009 | Páginas: 296| ISBN:  978-84-204-2230-5 | EAN: 9788420422305 | PVP:  18.50 €

Purgatorio

ALFAGUARA

 

En el invierno de 1976 Simón Cardoso es detenido por los militares que impusieron una dictadura sangrienta en Argentina, y nunca más aparece. Treinta años después, su mujer Emilia Dupuy, se paraliza al oír su voz en una fonda de suburbio en New Jersey. El mundo, que se había desmoronado con la tragedia, recobra su luz.

A partir de ese enigma, Purgatorio enlaza la ansiedad del amor perdido y recuperado con una reconstrucción magistral de la irrealidad siniestra creada por el régimen. Tomás Eloy Martínez vivió en el exilio y escribió este relato conmovedor e inolvidable en busca de la memoria que no pudo tener.

Con maestría avanza sobre la débil línea entre verdad e ilusión, y expande la novela más allá de los límites del género. Un lenguaje sobrio al servicio de una historia tan extraña como intensamente real da como resultado la mejor obra de un autor señalado como clásico por la crítica internacional.

 

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Hacía treinta años que Simón Cardoso había muerto cuando Emilia Dupuy, su esposa, lo encontró a la hora del almuerzo en el salón reservado de Trudy Tuesday. Dos desconocidos hablaban con él en uno de los boxes del fondo. Emilia creyó que había entrado a un lugar equivocado y su primer impulso fue retroceder, alejarse, volver a la realidad de la que venía. Se quedó sin aliento, con la garganta seca, y tuvo que apoyarse en la barra del bar. Llevaba toda una vida buscándolo y había imaginado la escena incontables veces, pero ahora que sucedía se daba cuenta de que no estaba preparada. Se le llenaban los ojos de lágrimas, quería gritar su nombre, correr hacia su mesa y abrazarlo. Para lo único que tenía fuerzas, sin embargo, era para no caer redonda en medio del restaurante llamando la atención como una tonta. Apenas pudo caminó hacia el box contiguo al de Simón y se sentó en silencio a esperar que la reconociera. Mientras tanto, tendría que fingir indiferencia y quedarse callada aunque la sangre le batiera las sienes y el corazón se le saliera por la boca. Hizo señas para que le sirvieran un brandy doble. Necesitaba tranquilizarse, no temer que los sentidos se le confundieran como a su madre. Algunos sentidos la traicionaban a veces, perdía el olfato, se desorientaba en calles que conocía de memoria y se acostaba oyendo canciones idiotas que no sabía cómo llegaban a su equipo de música.

Volvió a mirar el box de Simón. Quería asegurarse de que era él. Lo vio entre los desconocidos, de frente, hablándoles con animación. No le quedaban dudas: eran sus ademanes, la curva de su cuello, el lunar oscuro bajo el ojo derecho. No sólo era sorprendente que su marido estuviera vivo. Más inexplicable era que no hubiera envejecido. Seguía clavado en los treinta y tres años y hasta su ropa era la de antes. Llevaba los pantalones pata de elefante que ya nadie se atrevía a usar, una camisa abierta de cuello grande como las de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche, las patillas y el pelo largo de otra época. Para Emilia, en cambio, el tiempo había pasado naturalmente y su cuerpo la ponía incómoda. Las ojeras y los músculos de la cara delataban a una mujer de sesenta años, mientras que a él no se le veía una sola arruga. Había imaginado infinitas veces la escena en que volvía a encontrarlo y en ninguna, en ninguna, se le había cruzado la cuestión de la edad. Este desajuste del tiempo la obligaba a revisar lo que tenía previsto. ¿Y si por azar Simón se hubiera vuelto a casar? La sola idea de que viviera con otra mujer la atormentaba. En todos estos años jamás había dudado de que su marido la seguía amando. Podía haber tenido relaciones ocasionales, lo comprendería, pero después del calvario que habían vivido juntos, no concebía que la hubiera reemplazado. La situación no era ya la misma, sin embargo. Ahora él podía ser su hijo.

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