Ficha técnica

Título: Puente de los suspiros | Autor: Richard Russo | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Páginas: 696 |  Fecha de publicación: 22 de Octubre 2008 | Género: Novela  | Precio: 23.50€ | ISBN: 978-84-204-7411-3 |  EAN: 9788420474113 |

Traductor: Mariano Antolín Rato

Puente de los suspiros

EDITORIAL ALFAGUARA

Tras vivir sesenta años en el mismo lugar, atendiendo el mismo negocio familiar, Louis decide viajar por primera vez para visitar a Bobby en Venecia, donde éste se ha convertido en un pintor famoso. Quiere preguntarle por qué huyó de Thomaston siendo un adolescente y nunca más quiso volver. Pero mientras prepara la partida, los recuerdos irrumpen para demostrarle que nada es tan simple como pensaba y que todos en el pueblo, incluido él mismo, esconden secretos de los que nunca se habló.

Richard Russo vuelve a demostrar su talento inigualable para narrar cómo viven, sienten y piensan personas ordinarias en situaciones extraordinarias.

«Un libro sabio, iluminador, entrañable, rico, ambiguo, absorbente y absolutamente irresistible… Los lectores se sumergirán de tal modo en el mundo de Russo que sufrirán una especie de shock al tener que abandonarlo.» Kirkus Reviews

Callejón Berman

         Primero, los hechos:

         Me llamo Louis Charles Lynch. Tengo sesenta años y casi cuarenta de esos años he sido un marido cariñoso, aunque no tremendamente interesante, de la misma mujer encantadora, además de un padre cumplidor con Owen, nuestro hijo, que ya es adulto y está casado. Él y su mujer no tienen hijos y, por desgracia, es probable que sigan así. Al comienzo de mi matrimonio pareció que seríamos bendecidos con una hija, pero un accidente de coche cuando mi mujer estaba en el cuarto mes de embarazo le produjo un aborto. Eso pasó hace mucho tiempo, pero Sarah todavía piensa en la niña, y lo mismo yo.

         Puede que lo más notable de mi vida sea que la he pasado toda en el mismo pueblo pequeño del norte del estado de Nueva York, algo inaudito estos tiempos. Los padres de mi mujer se trasladaron aquí cuando ella era niña, conque tiene pocos recuerdos anteriores a Thomaston, y su situación no es muy distinta de la mía. Hay gente que, al saber cómo hemos vivido, no puede ocultar el desagrado que le producimos porque nuestra vida haya sido tan limitada, como si una experiencia tan geográficamente limitada no pudiera ser ni intensa ni satisfactoria. Cuando les aseguro que ha sido las dos cosas, sus sonrisas sugieren que hemos tenido la suerte de poder engañarnos como compensación por todo lo que nos hemos perdido. Yo les recuerdo a esas personas que hasta hace bastante poco la inmensa mayoría de los seres humanos han estado limitados del mismo modo y que las vidas también pueden estar delimitadas por otras muchas cosas: necesidad, enfermedad, ignorancia, soledad y falta de fe, por nombrar sólo unas cuantas. Pero probablemente sea cierto que mi mujer habría viajado más si se hubiera casado con otro, y que mi falta de ganas por convertirme en vagabundo sea uno de los motivos por los que he sido, como dije, un compañero poco interesante, aunque leal y firme. Ella ha oído todos mis argumentos, filosóficos y los demás, para ser sedentario; cree que son poco más que mi inclinación natural, una inercia racionalizada. Puede que tenga razón. Dicho eso, yo no creo que Sarah haya sido desgraciada en nuestro matrimonio. Me quiere a mí y a nuestro hijo y, creo, le gusta nuestra vida. Me aseguró eso no hace mucho, cuando pareció que lo podríamos perder y, muerto de preocupación, le pregunté si lamentaba la vida agradable y sencilla que habíamos llevado.

         Aunque nuestro paso, nunca muy apresurado, recientemente se haya hecho más lento, me gusta pensar que el motivo auténtico por el que no hemos visto más mundo es que el propio Thomaston siempre nos ha proporcionado experiencias y exigido cosas. Aparte de la tienda de barrio que heredamos de mis padres, ahora somos dueños y nos ocupamos de dos pequeños autoservicios más. Mi hijo se refiere irónicamente a esos negocios como «el imperio Lynch», y aunque ocuparse de ellos no es agobiante, exigen atención y tiempo.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]