Ficha técnica

Título: Prosa reunida | Autor: Wistawa Szymborska |  Traducción:  Manuel Bellmunt Serrano | Editorial: Malpaso Páginas 560 | Formato: 14 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 24 euros |  Fecha: febrero 2016

Prosa reunida

MALPASO

Wisława Szymborska era una desconocida en el ámbito hispánico hasta que ganó el premio Nobel en 1996. Entonces se editaron sus espléndidos poemas y los lectores en español pudieron descubrir a una de las grandes poetas del siglo xx. Años más tarde se produjo otra revelación igualmente extraordinaria cuando sus obras en prosa también se publicaron traducidas al español. En ellas aparecía una pensadora lúcida, irónica, culta y cercana que, con aparente sencillez, construía textos afilados y mordaces. Este volumen reúne todos los textos en prosa de la Szymborska, la constatación de que detrás del premio Nobel no sólo había una poeta extraordinaria, sino también una escritora completa, repleta de registros y matices, que transitaba por los temas más diversos siempre con clarividencia y talento. Literatura, cine, antropología o historia son algunos de los temas que la Szymborska trata con erudición y puntería. Sus ensayos producen sorpresa, curiosidad, hasta sonrisas y, con seguridad, nos hacen un poco más sabios.  

«Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado.» Wisława Szymborska

«Humana, terriblemente humana, y por tanto alabadora y denostadora de la humanidad, Szymborska (que sin duda no lo tuvo fácil) es monumental.»Luis Antonio de Villena, El Cultural

«Una poeta para los que no suelen leer poesía. Para los que recelan de la trascendencia. Para aquellos que desconfían de las grandes verdades.»Elena Hevia, El Periódico.  

 

PROFESORES DESPISTADOS

Las anécdotas sobre los grandes hombres son una lectura reconfortante. De acuerdo, pensará el lector, cierto es que no he descubierto el cloroformo, pero al menos no era el peor estudiante de la escuela como Liebig. Naturalmente no fui el primero en hallar la arsfenamina, pero al menos no soy tan despistado como Ehrlich, quien se escribía cartas a sí mismo. En cuestión de elementos, está claro que Mendeléyev me supera, pero seguro que soy mucho más aseado y presentable que él por lo que al pelo respecta. ¿Y he olvidado alguna vez presentarme en mi propia boda como Pasteur? ¿Acaso he cerrado alguna vez el azucarero con llave como Laplace para que no lo utilizara mi mujer? La verdad es que, comparados con ellos, todos nos sentimos un poco más sensatos, mejor educados e, incluso, más magnánimos por lo que respecta al día a día. Además, la perspectiva del tiempo nos ha permitido saber qué científico tenía razón y cuál estaba vergonzosamente equivocado. ¡Qué inofensivo nos parece hoy un tal Pettenhoffer! Fue un médico que combatió de un modo vehemente los estudios sobre la acción patógena de las bacterias. Cuando Koch descubrió la bacteria Vibrio cholerae, Pettenhoffer se bebió una probeta entera llena de esos desagradables gérmenes durante una demostración pública tratando de demostrar que los bacteriólogos, con Koch a la cabeza, eran unos mitómanos peligrosos. La singular grandeza de esta anécdota radica en el hecho de que no le pasó nada a Pettenhoffer. Conservó su salud y hasta el último de sus días pregonó burlonamente que tenía razón. Por qué no enfermó continúa siendo un misterio para la medicina. Pero no para la psicología. A veces aparecen personas con una resistencia excepcionalmente vigorosa a los hechos evidentes. ¡Qué agradable y honroso es no ser como Pettenhoffer!

Los científicos y sus anécdotas,Wacław Gołebowicz,
Varsovia,Wiedza Powszechna, 2.ª edición, 1968

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