Ficha técnica

Título: Preludios | Autor: Santiago Miralles | Editorial: Turner | Colección: Música |
Formato: 14 x 22 | Páginas: 324 | ISBN: 978-84-7506-453-6 | Precio: 22.00euros

Preludios

TURNER

¿De qué hablaban Mozart y Da Ponte mientras componían? ¿Qué palabras amargas se dijeron Verdi y el duque de Rivas frente al Teatro Real de Madrid en la víspera de estrenar La forza del destino? ¿Por qué dejaron de compartir habitación Musorsgky y Rimsky-Korsakov? ¿Tenía envidia Haendel de Bach, o tenía miedo, o solo le dio pereza recibirle y por eso nunca llegaron ni a saludarse? ¿Cómo se tomaba Liszt las críticas de Berlioz? ¿Qué dijo Schubert, un poco borracho, el día del entierro de Beethoven?

Las respuestas a estas preguntas… no las tenemos con certeza. Pero el autor de este libro las ha imaginado ayudado por las cartas, las biografías, los testimonios de la época y la obra de los compositores y artistas que protagonizan este libro. Con verdadera admiración y cariño hacia sus personajes, buen pulso narrativo, sentido del humor y atención al detalle, Santiago Miralles Huete firma 24 preludios (y una inesperada «fuga» final) que componen una historia de la música clásica. Alternativa, literaria, imaginada si se quiere, pero fiel y documentada.

Un verdadero festín para melómanos de todos los géneros y todas las edades.

 

 

1581
MADRIGALES ESPIRITUALES 

 

Roma, febrero de 1581, en la casa de Pierluigi de PALESTRINA. Tomás Luis de VICTORIA (de treinta y tres años de edad) ha venido a visitar a PALESTRINA(de cincuenta y seis). Ambos están sentados delante de la chimenea de la sala, los rodea la oscuridad. Miran el fuego en silencio, VICTORIA carraspea y pregunta:

VICTORIA. Dígame, maestro, con el corazón en la mano, ¿se encuentra bien?

PALESTRINA. Sí, a Dios gracias.

VICTORIA. Le vemos un tanto retirado y huidizo estos días.

PALESTRINA. ¿Para eso has venido?, ¿para ver si no he caído en la desesperación?.

VICTORIA. Solo quería saludarle y brindarle un poco de compañía.

PALESTRINA. Y yo te la agradezco. Pero, ¿no será que te ha enviado Felipe Neri? Habláis mucho vosotros dos, no perdéis ocasión de sentaros juntos en San Jerónimo de la Caridad. Has de saber que con él no tengo secretos y, si los tuviera, me los sonsacaría cuando me invita a que confiese mis pecados, cosa que hace con regularidad… Ignoro por qué, francamente, ya que mi vida es muy aburrida.

VICTORIA. Entonces no habrá un resquicio de su alma que no conozca, porque a pocos sacerdotes he encontrado yo que sepan escudriñar a los hombres como él. El sacramento de la confesión es de poco uso, sin embargo, si el penitente se oculta las verdades a sí mismo: el sol, por muy potente que sea, no puede arrojar luz en los rincones de quien no se ha explorado antes con la antorcha de la introspección.

PALESTRINA. No sé adónde quieres llegar, hijo. Si me veis taciturno últimamente es porque estoy ocupado componiendo, y eso, como sabes muy bien, requiere algún ensimismamiento. 

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