Ficha técnica

Título: Post-Mortem | Autor: Peter Terrin | Traducción: Maria Rosich | Editorial: Rayo Verde | Colección: Rayos Globulares | Páginas: 240 | ISBN: 978-84-944496-4-2 | Fecha: may-2016 | Precio: 18 euros

Post Mortem

RAYO VERDE

El desconocido autor Emiel Steegman inventa una excusa para cancelar la cita que tiene con unos colegas estonios. «Momentos difíciles para la familia». Una frase manida y vaga pero que transmite urgencia. Pero pensar que estos «momentos difíciles» puedan ser investigados en el futuro por su biógrafo lo carcome, hasta que se convierte en una idea brillante para su nueva novela. Steegman decide que, por primera vez en su vida, ha llegado el momento de enzarzarse en una batalla literaria, hasta que una tarde su hija Renée se queda dormida y no vuelve a despertar.

Post Mortem, la nueva gran novela de Terrin y la primera en centrarse en un momento dramático de su propia vida, es una obra tan intensa como ingeniosa sobre el entusiasmo de un escritor, el amor de un padre y el miedo de perder el control sobre la propia vida tras la muerte. El libro en sí es una astuta interacción entre la realidad y la imaginación que lleva al lector de la mano por un laberinto de espejos literario. Una sorprendente situación que constituye la raíz de un tour de force narrativo. 

 

Uno

1

Como un ciego, buscó la toalla con los brazos estirados.

Abrir los ojos sólo serviría para empeorar el escozor.

¿Cuánto tiempo hacía que no se le metía champú en los ojos? No se acordaba. Desde que era pequeño, quizá. A lo mejor le pasaba a menudo, lo del champú en los ojos, pero con un champú mejor, uno que no picaba. ¿O se estaba haciendo viejo, irritable? ¿Tendría que empezar a usar el champú de Renée, el que olía a fresa?

Tienes cuarenta años, pensó Emiel Steegman. Cuarenta no es ser viejo.

Para colmo, no había ni una sola toalla a su alcance en la barra cromada de encima del radiador.

Él intentaba en todo momento dejar claro a los demás, predicando con el ejemplo, colgando toallas en la barra, que no costaba tanto hacer las cosas como era debido. Fracaso.

Su mensaje no llegaba. Se lo tomaban como si pudiesen ahorrarse el trabajo, porque ya lo hacía él. A la larga, empezaron a darlo por sentado.

¿Qué habría hecho Otto Richter en este caso? El famoso escritor superventas disfrutaba, por supuesto, de las ventajas de su avanzada edad, pero ¿y cuando tenía cuarenta años? ¿Acaso entonces ya tenía una esposa más joven y sumisa que se ocupaba de cosas como las toallas? ¿Y si una toalla podía afectar tanto el humor de Richter que el resto del día ya no le salía ninguna palabra? Era simplemente impensable. El hombre tenía asistenta doméstica. Era como aquel piso enorme en el barrio más rico de la ciudad al cual se había trasladado en un cierto momento; si se podía permitir una asistenta o no, era lo de menos. Un escritor es alguien que se hace el mundo a su medida, ¿no?

Una imagen fugaz de Tereza, su mujer, en delantal de encaje y cofia, y nada más; no venía por la toalla.

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