Ficha técnica

Título: Por partes | Autor: Kari Hotakainen |  Traducción: Ursula Ojanen y Rafael Gª Anguita |  Editorial: Meettok | Género: Novela| ISBN: 978-84-937619-1-2 | Páginas: 280 | PVP: 18,00 € | Publicación: 2010

Por partes

MEETTOK EDITORIAL

Por partes se pregunta, ¿cual es el papel del hombre? Novela trágica y a la vez profundamente humorística sobre el mundo de comprar y vender.  

¿Qué tipo de vida se podría conseguir con 7.000 euros? Lo descubrirá el escritor que compra la vida de Salme Malmikunnas, antigua tendera de lanas, de 80 años.

¿Qué contará esta persona que ha vendido su vida y en qué invertirá el dinero que ha recibido a cambio? Por partes se adentra sin miedo en la actualidad y la trata de comprender. Sin risa no es posible, sin lágrimas no se puede hacer. 

 

La tendera  

Mi nombre es Salme Sinikka Malmikunnas y todo lo que diga va a ser reflejado al pie de la letra en este libro. Al menos eso es lo que me ha prometido el escritor. Tan asustado estaba que incluso me propuso poner mis palabras en cursiva, por lo visto ese recurso acentuaría aún más la importancia de mis palabras. Al ver la cursiva le dije de inmediato que no la quería, ya va una lo suficientemente encorvada como para subrayarlo más todavía. Reconozco que le di bastante la matraca al escritor y por eso me prometió la tierra y el cielo. Puede que me haya entusiasmado demasiado al encontrarme por primera vez en persona con uno de verdad.

     Antes de continuar, y en parte para justificarme, diré que no me gustan nada los libros de historias inventadas, ni tampoco sus autores. Siempre me ha fastidiado que se tomen como ciertas, que la gente se entregue a ellas con toda su alma, y que escuche atentamente a sus autores. Me refiero a esas novelas, y a otras parecidas, que se encuentran en algunas estanterías en las que se puede leer: bellas letras o bellas letras traducidas. Me irrité aún más cuando Paavo y yo nos enteramos de que esas historias inventadas se reclamaban también en el extranjero, y que algunas personas que habían estudiado idiomas las pasaban a nuestra lengua, aunque no fueran más que puras mentiras.

     No tengo malas palabras para los libros de consulta porque entre ellos hay algunos cuyos títulos, ya de por sí, me inspiran confianza: El nacimiento de nuestro universo. La historia de Finlandia. Las aves antes y ahora. Los mamíferos ilustrados a todo color.

     Y, por supuesto, la enciclopedia, Los escalones del saber.

     Nosotros también tenemos en casa este libro y lo hemos disfrutado mucho. No nos ha hecho falta pensar si es verídico o si sólo son imaginaciones o alucinaciones de algún incompetente. Lo abras por donde lo abras descubres muchas maravillas de la vida humana. ¿Hacia dónde vuelan los estorninos? ¿Cuál es la diferencia entre el chimpancé y el orangután? ¿Cuán grande y poderoso era antes el reino de Suecia y de dónde proceden su riqueza, su buen humor y su espíritu colectivo? En ocasiones solemos olvidarlo, a pesar de vivir tan cerca como vivimos, pero siempre se puede consultar en Los escalones del saber.

     Ningún libro nos cuenta lo que pasará el próximo martes o cuando se nos vaya la chola del todo a Paavo y a mí. ¿Qué pasará cuando se apaguen las luces? Me refiero a las que hay dentro de la cabeza. ¿Se abrirá una puerta y hacia dónde? Porque eso es lo que el hombre no sabe, tiene muchísimas teorías alternativas, me refiero a las religiones. Yo, por si acaso, creo en todos los dioses que nos proponen en los libros, en los periódicos y en la tele. Pero no en los que se veneran con plumas en la cabeza y aros en la nariz, por supuesto. Paavo no cree en ninguno. No cree en nada que no pueda ver. Tampoco creía en Onni Suuronen hasta que lo vio. Tuve que llevarle en autobús hasta otro pueblo para ver cómo Onni daba vueltas con su moto sobre un cerco de madera a una velocidad endiablada. Ese hombre existe de verdad, repetía Paavo para sus adentros durante el viaje de vuelta. Pero muéstrame a Jesucristo, nuestro Señor, y a Dios Padre, muéstramelos, a ver, no lo puedes hacer, insistía machaconamente Paavo. Yo le dije, igual que había hecho un millón de veces anteriormente en esta vida: no hables tan alto, la gente está escuchando.

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