Ficha técnica

Título: Por orden alfabético. Escritores, editores, amigos | Autor: Jorge Herralde | Editorial: Anagrama | Colección: Compactos | Páginas: 360 | Precio: 9,90 euros | ebook: 6,99 euros

 

Por orden alfabético

ANAGRAMA

Los textos compilados en este volumen son, al igual que los de Opiniones mohicanas, homenajes a autores y colegas, piezas de un patchwork, a modo de crónica personal, de una forma de entender la edición en el cambiante paisaje de las últimas décadas, y también una prolongación, una suerte de cara B, del catálogo de Anagrama.

Entre los autores en lengua española figuran nombres tan representativos como Martín Gaite, Pombo, Pitol, Chirbes, Vila-Matas, Marina, e incorporaciones posteriores como Piglia, Villoro, Pauls, Méndez o Kiko Amat. Entre los escritores traducidos, Nabokov, Cohen, Bourdieu, Magris, Tabucchi, Baricco, Kapus´cin´ski, Barnes, Sharpe, Bukowski, Carver, Tom Wolfe o Arundhati Roy.

Algunos de los textos están dedicados a editores que son también escritores y desde luego amigos: Castellet, Calasso, Tusquets, Pániker, Pepe Martínez (fundador de Ruedo ibérico), Vilanova, Vallcorba, Porrúa, Pradera, así como Roger Straus y Morgan Entrekin o Jesús Aguirre.

Colaboradores históricos como Jordá y Clotas o viejos amigos como Moix y Zaforteza protagonizan perfiles con mayores tonalidades autobiográficas, mientras que los textos dedicados a la Highsmith y El Roto son apenas una anécdota y un homenaje mínimo, respectivamente.

«Como sucede con los Homenots de Josep Pla, el volumen acaba siendo una especie de memorias fragmentarias de un tiempo y de un país, en definitiva, un retrato de época, agudo, divertido e inteligente» (Francesc de Carreras, La Vanguardia).

 

 

EDITAR A KIKO AMAT

 

Kiko Amat es un escritor muy peculiar en el panorama de la literatura española. Para empezar, es un mod, proviene de la secta mod. ¿Y quiénes son los mods? es una pregunta muy legítima que podrían ustedes hacerme.

Rápidamente: en la subcultura inglesa de finales de los 50 aparecen dos tribus urbanas, los rockers y los mods, las dos de origen working class. Pero los rockers, con sus botas de cuero, sus melenas, sus motos y el rock’n’roll, estaban en las antípodas de los mods. Éstos, también proletarios, eran dandies de estricta observancia: pelo corto, traje de tres botones, corbata estrecha, usaban scooters, en especial Lambrettas. Adoraban el jazz cool de la costa californiana. Como buenos dandies, en cuanto el jazz se popularizó, se pasaron al rhythm & blues, los Rolling Stones y los Who. Como toda secta que se precie, aparece y reaparece, y así hubo un fuerte revival en el 75 con The Jam, que se acercó al punk rock. En España la secta, poco numerosa, también aparece y reaparece. Un ejemplo: los hermanos Matamala, primero como grupo Brighton 64 (lugar y época en que tuvo lugar un sonado enfrentamiento entre mods y rockers) y luego ya como Matamala.

Como ven, un extraño preámbulo para presentar a un escritor español del siglo XXI. Kiko Amat nació en Sant Boi en 1971 y exhibe un currículum como de novelista norteamericano a escala local, más bonsái. Trabajó en la SEAT en la cadena de montaje, en una fábrica de mermeladas, como recepcionista del camping La Ballena Alegre en Castelldefels (por cierto, Bolaño también trabajó como guardia nocturno en un sitio similar), encuestador, quiosquero, cartero. Y encargado durante cuatro años en una tienda de discos en Londres: después del trabajo volvía a su agujero hecho polvo, en especial si venía del pub (cosa harto frecuente), pero en esa época, trapicheando todo el día con discos, era «inmensamente feliz», como comenta en una entrevista.

Siguiendo con la biografía atípica, pero muy coherente, ha editado varios fanzines, Rowed Out!, Hangover, Vendetta y el último La Escuela Moderna, dedicado al pedagogo anarquista Ferrer Guardia, vilmente fusilado en Montjuïc en 1909, tras los sucesos de la Semana Trágica. En él, Kiko Amat da rienda suelta a su veta situacionista, anarquista, a favor de la abolición del trabajo y todo el rollo. Le pregunté cómo funcionaba. Muy fácil, me contestó, el primer y por ahora único número costó 150 euros. Se imprimieron 200 ejemplares, de los que se regalaron 150 ejemplares en una de las fiestas en las que regularmente Kiko hace de disc-jockey, otra afición inevitable, y regala los 50 restantes a aquellos editores de fanzines que realmente se lo merezcan. O sea, todo un benefactor.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]