Ficha técnica

Título: Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos | Autora: Barbara Ehrenreich | Traducción: Carmen Aguilar | Editorial: Capitan Swing| Páginas: 232 | Formato: 14 x 22 cm |Presentación: Rústica con solapas | ISBN: 978-84-942213-1-6 |Precio: 18,00 euros

Por cuatro duros

CAPITAN SWING

Una de las pensadoras sociales norteamericanas más agudas y originales decide ocultarse como trabajadora no cualificada para revelar el lado oscuro de la prosperidad estadounidense, recogiendo sus experiencias en trabajos poco remunerados, como parte de un trabajo de investigación sobre las condiciones laborales de las clases pobres de Estados Unidos.

Millones de estadounidenses trabajan a tiempo completo, todo el año, por un salario miserable. Ehrenreich, inspirada por la retórica liberal que promete que cualquier trabajo puede ser el pasaporte a una vida mejor, decidió experimentar el régimen de vida de estos trabajadores. ¿Cómo puede sobrevivir -y mucho menos prosperar- alguien, por seis dólares/hora? La autora dejó su casa, alquiló las habitaciones más baratas y aceptó cualquier trabajo que se le ofreció. De Florida a Maine o Minnesota, trabajó como camarera de hotel, mujer de la limpieza, auxiliar de enfermería y empleada de Wal-Mart: una odisea penosa, cargada de humor negro y de mil estratagemas desesperadas para sobrevivir en el sufrido terreno laboral norteamericano. Pronto descubrió que ningún trabajo es verdaderamente «no cualificado», hasta las más humildes ocupaciones requieren un agotador esfuerzo mental y muscular. Y que un solo puesto de trabajo no es suficiente para salir adelante.

«Un libro valioso y esclarecedor… Barbara Ehrenreich es una de las mejores voces de los desposeidos» Studs Terkel  

Prólogo a la décima edición

     Completé el manuscrito de este libro en una época de prosperidad aparentemente ilimitada. Los innovadores de la tecnología y los capitalistas que decidían arriesgarse amasaban fortunas rápidamente, y compraban ostentosas supermansiones como las que yo misma había limpiado en Maine y mucho mayores. Incluso las secretarias de algunas empresas de alta tecnología conseguían enriquecerse con sus stock options. Abundaba la cháchara sobre una conquista permanente del ciclo de los negocios, y parecía que el capitalismo norteamericano estaba imbuido por un nuevo espíritu de descaro. En San Francisco, una valla publicitaria de una empresa por internet proclamaba «Haz el amor y no la guerra», y después, más abajo, «Al demonio, basta con hacer dinero».

     Cuando Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos se publicó en mayo de 2001, empezaban a aparecer grietas en la burbuja de internet y la bolsa parecía flaquear, pero el libro supuso evidentemente una sorpresa, incluso una revelación para muchos. Una y otra vez, durante los años siguientes a la publicación, se me acercaban personas y empezaban la conversación con un «nunca pensé…» o «no me había dado cuenta»… Ante mi propio asombro, Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos ascendió rápidamente en la lista de los libros más vendidos y empezó a ganar premios; de todos ellos, me siento particularmente orgullosa del Christopher Award, concedido por un grupo católico a libros que «reafirman los más altos valores del espíritu humano». Inspiró un documental de A&He llamado «Wage Slaves» y se adaptó en una obra dinámica y divertida que se ha representado en los principales teatros así como en salas más pequeñas por todo el país. En docenas de comunidades se consideró un «texto comunista», incluidas Rochester Minnesota, Appleton Wisconsin, Hanover New Hampshire, y Peoria Illinois.

     Me había preparado para las críticas cuando el libro salió, pero hubo muy pocas que tuvieran cierto fundamento y llamaran mi atención, y la única controversia que levantó el libro era ridícula y no tuvo repercusión. En 2003, la Universidad de Carolina del Norte de Chapel Hill estableció como obligatoria la lectura de Por cuatro duros: cómo (no) apañárselas en Estados Unidos para todos los nuevos estudiantes, cosa que promovió que un grupo de estudiantes conservadores y legisladores del estado dieron una conferencia de prensa en la que denunciaba que mi libro no era más que el «típico desvarío marxista» y un trabajo de «pornografía intelectual sin ninguna característica que pudiera redimirlo».

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