Ficha técnica

Título: Poemas de guerra | Autor: Wilfred Owen | Traducción: Gabriel Insausti | Editorial: Acantilado | Colección: El Acantilado, 233 | Género: Poesía | ISBN: 978-84-15277-30-9 | Páginas: 104 | Formato:  13 x 21 cm.| Encuadernación: Rústica cosida |  PVP: 16,00 € | Publicación: 2011

Poemas de guerra

ACANTILADO

Wilfred Owen participó en la Gran Guerra y murió en ella pocos días antes del armisticio. Este volumen que hoy presentamos recoge sus poemas más conocidos y que probablemente sean su contribución más importante a la poesía del siglo XX: sus poemas de la guerra. Escritos en un breve lapso de tiempo, entre el verano de 1917 y el otoño de 1918, los versos reflejan el impacto extraordinario de la guerra y el consecuente cambio que ésta ocasionó en la visión del mundo. La intensidad de las descripciones de Owen, no sólo de las heridas del cuerpo, sino fundamentalmente de las del alma, es realmente conmovedora, y transforma los poemas escritos en el campo de batalla en un bello alegato pacifista. Benjamin Britten insertó varios de estos poemas entre los textos litúrgicos que conforman una de sus mayores obras: el War Requiem, una Misa de Difuntos que reconsagró en 1962 la derruida catedral de Coventry.

«Estos poemas de Wilfred Owen le sobreviven como testamento auténtico y magnífico». Siegfried Sassoon 

 

EXTRAÑO ENCUENTRO

Imaginaba haber salido del combate
por un profundo túnel, excavado hace tiempo
en la roca por mano de titanes.

Pero también allí gemían, apiñados
durmientes, cuyo sueño temía importunar.
Luego, al hablarle, uno se puso en pie: miraba
hacia mí fijamente, con ojos compasivos
y una mano que alzaba como en gesto de dádiva.
Por su sonrisa conocí aquel hosco lugar,
en su mueca de muerte supe que era el Infierno.

Un enorme dolor afligía a aquel rostro
pero no había sangre que filtrara la tierra,
ni estruendo de rifles, ni gemido de obuses.
«Amigo-dije-aquí no hay nada que llorar».
«Nada-respondió él-salvo el tiempo abolido
y la desesperanza. Cualquiera que fue tuya
fue también mía un día: busqué sin freno alguno
la hermosura mayor que en el mundo cupiera
y no está en unos ojos serenos, ni unas trenzas,
sino en algo que burla la huida de las horas
y no sana su herida nada que sea del mundo.
Porque por mi alegría han reído los hombres
y de mi oscuro llanto algo ha sobrevivido
y debe ahora morir: la verdad nunca dicha,
la pena de la guerra. Ahora a muchos hombres
contentará lo que nosotros malgastamos
o, tal vez, descontentos, lo verterán en vano. 

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