Ficha técnica

Título: Poemas de amor | Autora: Idea Vilariño |   Prólogo:  Milagros Abalo  | Editorial: UDP | Colección: Poesía | Páginas: 100 | ISBN: 978-956-314-334-8  978-956-314-328| Precio de referencia: $12.000

Poemas de amor

UDP

«Onetti fue el hombre más importante de mi vida […]. Es el último de quien debí enamorarme, porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado, él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui».

Idea Vilariño

TE ESTOY LLAMANDO

MILAGROS ABALO

No. La forma básica de la negación es el núcleo desde el cual se articula la escritura de Poemas de amor, libro publicado por primera vez en 1957 y engrosado en sucesivas ediciones, prácticamente hasta la muerte, en 2009, de Idea Vilariño. Tal disposición anímica, la del no, domina el contenido de casi todos los versos, pero también la sintaxis y las imágenes con que están hechos. No, ese término invariable, se repite más de cien veces en un libro donde hay pocos poemas, y donde éstos tienen pocos versos, y donde éstos son de pocas palabras, por lo que queda rebotando en el lector con un detenido desánimo uruguayo. Sin ir más lejos, la primera palabra del primer poema, titulado «Un huésped», es no: «No sos mío», parte diciendo ese texto, que fija las líneas de lo que vendrá en el resto de las páginas: el amor como un huésped, como algo que va y vuelve, como pasajero en tránsito o, derechamente, como pura ilusión donde sólo queda «la soledad que es / única certidumbre». El amor más como un pensamiento que como una realidad. Así, los de Vilariño son poemas signados por la muerte del amor, o más bien por su mortalidad, es decir, por la hiperconciencia de la poeta de saber que todo terminará más temprano que tarde, si no ha terminado ya. En esta escéptica perspectiva, la felicidad, vienen a decir estos poemas de canto sobrio, es apenas un estado pasajero. Esa fugacidad, en cualquier caso, es justamente la que propicia la intensidad, que existe a su vez porque no está el amarre de los días, el «para siempre» del amor, que es, según Vilariño, una «honda mentira».

     No, ni, nunca, nada, nadie. Idea Vilariño es sistemática, casi obsesiva en repetir estos vocablos del no ser, como si ahí, en ellos, se ensamblara la historia de amor y desamor que aquí es pintada con sombría desolación mistraliana. Esa negación permanente es un gesto, vital y poético («Hago muecas a veces / para no tener cara de tristeza»), que la autora realiza quizás para convencerse de lo que está negando y de que lo está negando, aunque vacila y
el convencimiento sucumbe ante la contradicción:

No te amaba
no te amo
bien sé que no
que no
que es la luz
es la hora
la tarde de verano
lo sé
pero te amo
te amo esta tarde
hoy
como te amé otras tardes
desesperadamente
con ciego amor
con ira
con tristísima ciencia
más allá de deseos
o ilusiones
o esperas
y esperando no obstante
esperándote
viendo
que venías
por fin
que llegabas
de paso.

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