Ficha técnica

Título: Pinches jipis | Autor: Jordi Soler  |  Editorial: Malpaso Páginas 160 | Formato: 12 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 17,50 euros |  Año de publicación: septiembre 2015 |

Pinches jipis

MALPASO

Pinches jipis, cuenta como en la feroz, brutal Ciudad de México, donde el aire es denso y la violencia está siempre latente, hay un policía rudo, de la vieja escuela, que se aclara la garganta con lingotazos de whisky. Emiliano Conejero es duro pero sentimental, como bien saben sus pintorescos subalternos. Hay, claro, una chica, Julia Gis, una niña bien que lo atempera y, como no, hay un misterio que resolver en una ciudad en la que nada es fácil. Nuestro protagonista y su séquito siguen obsesivamente la pista al estrangulador de la media azul durante 25 trepidantes capítulos que casi dejan sin aire al lector.

Jordi Soler cambia de registro y se adentra en el territorio de la novela negra. Con destreza, se sirve de los arquetipos del género para parodiarlo y homenajearlo al mismo tiempo. Pinches jipis es una novela vertiginosa, que secuestra al lector desde el principio y le sumerge, sin remedio, en una sensación dominante: quiero más.

«Un narrador fuera de serie.» Delphine Peras, Lire

«Jordi Soler es, ante todo, un poeta.» Xavier Houssin, Le Monde

«Puro delirio, una delicia.» Isabelle Falconnier, L’Hebdo

«Una imaginación mágica y arrolladora.» Jorge Semprún

«Un autor imposible de olvidar.» Jesús Martínez Gómez, Mercurio 

 

I

     -Por aquí, por favor, comandante Conejero-decía el guardia con una reverencia propia de quien se dirige al héroe que va a salvarlo.

     Caminaban por un pasillo monótono donde no había más que puertas y del techo caía una luz desaforada.

     Conejero iba molesto. El jefe de la policía lo había sacado de una cena íntima con Julia Gis, lo había llamado por teléfono para pedirle que se acercara a ver en persona aquella atrocidad sin importarle que fuera casi medianoche.

     -Siempre he querido conocerlo, es usted una leyenda -soltó el guardia con una sonrisa ambigua.

     -La gente dice muchas pendejadas, amigo mío -respondió el comandante Conejero mientras se preguntaba cuántos pasillos más tendría que recorrer siguiendo a aquel muchacho que, cada tantos metros, se volteaba a mirarlo con unos ojillos repelentes, buscando un comentario de su héroe o siquiera una sonrisa de aprobación.

     Era un joven ancho, vestido de azul oscuro, que sudaba a mares y a cada paso hacía tintinear el manojo de llaves que le colgaba del cinturón.

     -No te tuerzas tanto, que vas a dar un traspié y voy a tener que levantarte del suelo -le dijo el comandante Conejero.

     La luz violenta que caía de las lámparas del techo, combinada con el efecto de los whiskys que acababa de beberse en el restaurante, le daban a esa caminata por las tripas del edificio un aura de irrealidad; las líneas perdían definición y los contornos se volvían acuosos, como los de esos cuerpos que tiemblan a lo lejos a la hora de la canícula.

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