Ficha técnica

Título: Personas, cosas, cuerpos | Autor: Roberto Espósito  | Prólogo:  Antonio Valdecantos | Traducción: Albert Jiménez   | Editorial: Trotta | Colección:  Estructuras y Procesos. Filosofía | Formato: Rústica | Páginas: 128 | Medidas: 14,5 X 23 cm | Fecha:  mayo 2017 | ISBN: 978-84-9879-696-4 | Precio: 15 euros

Personas, cosas, cuerpos

TROTTA

La división entre personas y cosas es el postulado que parece haber organizado desde tiempos inmemoriales la experiencia humana. Ningún otro principio está tan enraizado en la percepción y en la conciencia moral como la convicción de que los seres humanos no somos cosas, porque las cosas, según una dicotomía insalvable, son lo opuesto a las personas. Sin embargo, la reconstrucción genealógica, al destapar el «dispositivo de la persona», permite seguir las consecuencias divisivas que han conformado el horizonte moderno según un doble proceso de despersonalización (o cosificación) de las personas y de desreificación (o anonadación) de las cosas.

Este nudo entre personas y cosas, determinante para la confluencia del derecho romano, la filosofía griega y la concepción cristiana, solo puede ser desenredado, según Roberto Esposito, desde la perspectiva del cuerpo, tercero excluido de la dicotomía entre cosas y personas. Lo que los estudios antropológicos revelan sobre el cuerpo como lugar de interacción entre personas y cosas en las sociedades primitivas, resurge de forma singular en la experiencia contemporánea con objetos biotecnológicos que incorporan una vida subjetiva. Pero en el régimen biopolítico actual, es sobre todo el cuerpo político el que, desvinculado de las dicotomías del orden político moderno, adquiere un inusitado protagonismo que exige una renovación radical de los vocabularios de la política, el derecho y la filosofía.

En la conversación preparada para esta edición, «Entre el derecho romano y la sociedad del espectáculo», el autor comenta algunos de los temas implícitos en su libro, como el vínculo entre derecho y violencia, la cuestión de «lo animal» o el problema de la representación política. 

 

Prólogo

NI PERSONAS NI COSAS

Antonio Valdecantos

 

En una entrevista publicada en abril de 1937 en el periódico vienés Der Sonntag, expuso Elias Canetti el concepto de «máscara acústica», capital en su teoría del drama. Quien decida abordar a algún desconocido en un establecimiento público y entablar una conversación notará, dice Canetti, que descubre una manera de hablar única, inconfundible con cualquier otra. El tono y velocidad del habla, sus giros recurrentes, las no más de quinientas palabras que ese interlocutor emplea, caracterizarán a tal individuo tanto como lo hace su fisonomía (es decir, el rostro que está debajo, se supone, de cualquier posible máscara). Esa «figura verbal de una determinada persona» es su «máscara acústica», y el drama debe ser -conforme a lo practicado en La boda y en Comedia de la vanidad– un juego entre esas clases de máscara. Aún más: «Las muchas voces que resuenan en la jungla africana son para mí», afirma Canetti, «el modelo de lo que yo quiero con un drama; aunque naturalmente tenga que ser traducido en palabras y sea mucho más complejo». Los personajes de esta clase de teatro no se comunican entre sí. Tampoco experimentan ninguna evolución natural a lo largo de la obra, pero sí repentinos «saltos de máscara». La fuente principal de la «máscara acústica» se encuentra en Karl Kraus, quien tenía «el don de condenar a los hombres por sus propias bocas» mediante el procedimiento de lo que Canetti llama «cita acústica»: la reproducción literal de las palabras ajenas en el peculiar timbre de voz de quien las pronunció.

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