Ficha técnica

Título: Patologías | Autor: Zajar Prilepin | Traducción: Marta Rebón | Editorial: Sajalín Editores | Colección: al margen, 17 | Número de páginas: 377 | ISBN: 978-84-940627-0-4 | Formato: 13×19 cm | Precio: 24,00 euros

Patologías

SAJALÍN EDITORES

 

Yegor Tashevski forma parte de una de las temidas unidades de las Fuerzas Especiales del Ejército ruso destinadas a Chechenia. Ha recibido la instrucción necesaria para llevar a cabo las operaciones más arriesgadas con eficacia y coraje, y sin embargo la primera visión de una Grozni arrasada y desprovista de vida aparente, y la posibilidad de que en cualquier parte aparezcan guerrilleros chechenos, suscita en Yegor un miedo asfixiante que se filtra en todos sus pensamientos. Junto a sus compañeros, los «cazadores» más eficaces del ejército ruso, Yegor se verá muy pronto inmerso en una guerra de guerrillas que lo convertirá en presa de un enemigo invisible y lo enfrentará a otra amenaza, tal vez, peor: la locura.
Patologías no es una novela ideológica, no analiza los motivos o intereses que llevaron a unos y otros a la guerra de Chechenia. Es el crudo y estremecedor testimonio de alguien que participó, y salió vivo, de un conflicto devastador que no parece tener fin.
 
 

 Comienzo del libro

 

Al pasar el puente, a menudo me atormenta la misma visión. …

Sviatói Spas se alza sobre las dos orillas. A un lado del río está nuestra casa. Cada sábado nos dirigimos al otro lado para deambular entre los puestos de libros situados en el parque, junto al paseo fluvial.

Detrás de los tenderetes se apostan jubilados ceñudos, que venden clásicos austeros en ediciones baratas y obras ramplonas muy caras con cubiertas horribles. Con el pulgar de la mano izquierda, levanto las tapas de los libros dispuestos sobre el tenderete. Me coge la mano derecha mi formidable hijo adoptivo, un hombrecito de tres años, tocado con una visera roja y calzado con unas botas de fútbol de las que cuelgan con abundancia unos gruesos cordones blancos. Sabe unas cuantas palabras importantes, puede abrir mucho los ojos, tiene una mímica rica y honesta, y estamos entusiasmados el uno con el otro, aunque él no lo exterioriza. Nos conocemos desde hace ya año y medio, y está convencido de que yo soy su padre.

Sentados en el paseo fluvial, comemos un helado y miramos el agua. Que corre. 

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