Ficha técnica

Título: Paseos sin rumbo. Diálogos entre cine y literatura | Autor: Mauricio Montiel | Prólogo: Eduardo Becerra | Editorial: Fórcola Ediciones | Colección: Colección Señales, nº 3 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-936321-3-7 | Páginas: 320 | Formato:  13 x 21 cm.  |  PVP: 19,50 € | Publicación: Noviembre 2010

Paseos sin rumbo

FÓRCOLA EDICIONES

«La cultura moderna es una suerte de metrópoli hecha de adiciones y detritos»

La metrópoli del siglo XXI es un territorio caótico y babélico. El paseante contemporáneo se adentra, sin rumbo fijo, en los nuevos paisajes urbanos: túneles, puentes, callejones llenos de basura, estaciones de autobuses o espacios interiores poblados de fan-tasmas.

El cine posmoderno ha subrayado los rasgos genéricos y despersonalizados de la ciudad, y ha relegado a sus personajes a un vagabundeo errático por estacionamientos casi vacíos, aeropuertos y autopistas, ver-daderos «crisoles del aislamiento».

Los nuevos imaginarios urbanos muestran, según Mauricio Montiel Figueiras, una civilización aséptica alimentada por la estética de la publicidad y el videoclip, la despersonalización en medio de un mundo virtual, y el terror que se esconde en el ámbito doméstico dominado por las máquinas. Lugares comunes como una cafetería se convierten, gracias al cine de Stanley Kubrick o Quentin Tarantino, en espacios cargados de violencia donde los asesinos seriales encarnan un nuevo arquetipo social.

La principal revelación de este libro es mostrar la cultura contemporánea como una travesía cruzada por la soledad y la muerte, una suerte de metrópoli hecha de adiciones y detritos donde se dibuja la cartografía personal del nómada moderno, paradójico sedentario de toda gran urbe.

Paseos sin rumbo, un iluminador ensayo literario que indaga las mutuas referencias entre la literatura y el cine, despertará el interés tanto de los aficionados al cine contemporáneo más consagrado, desde Stanley Kubrick a Quentin Tarantino, hasta los amantes de las series televisivas de más éxito. Un libro que, desde lo fragmentario y errático, es digno heredero de la tradición encarnada por Charles Baudelaire o Walter Benjamin. La aguda mirada de Mauricio Montiel traspasa nuestra más prosaica cotidianidad y la dota de una inquietante transparencia, llena de matices perturbadores.

 

PRÓLOGO

El flâneur/voyeur o el nómada sedentario

Eduardo Becerra

 

EN 2005, la editorial mexicana Cal y Arena publicaba La errancia. Paseos por un fin de siglo, de Mauricio Montiel Figueiras, uno de los ensayos sobre la cultura actual más interesantes de los últimos años. Ahora, ya comenzada la segunda década del nuevo milenio, tenemos la suerte de ver aparecer su edición española con el título de Paseos sin rumbo. Diálogos entre cine y literatura. El nuevo título no supone un cambio significativo en sus contenidos y sí insiste en la idea del paseo como hilo conductor de sus diferentes escalas. Un vagabundeo que se resiste a definir su dirección y punto de llegada y que elude someterse a una exposición sistemática excesivamente rígida. Este deambular señala una coherencia entre forma y contenido. La errancia antes y el paseo ahora retratan la propia escritura de Montiel, llena de sugestivas pinceladas que apuntan en muchas direcciones y con las que desvela las claves de las nuevas narrativas de la urbe. Recuperando la flânerie baudelaireana y su uso por parte de Walter Benjamin para definir algunas de las características fundamentales de la cultura moderna surgidas al calor de la gran ciudad, Mauricio Montiel nos traslada a los nuevos paisajes urbanos del cambio de milenio traídos por el cine y la literatura. Las señales confusas que nos llegan desde este «dédalo llamado cultura contemporánea», como se señala en la introducción, son ahora infinitas. Este territorio, caótico y babélico, reposa en la emergencia de nuevos rincones -túneles, puentes, callejones llenos de basura, 9 estaciones de autobuses, espacios interiores, cafeterías compartimentadas, archivos policiales o carreteras sin rumbo, hasta llegar a las geografías virtuales que las nuevas tecnologías diseñan- sustitutos de los antiguos pasajes como reductos de las nuevas significaciones de la ciudad actual.  

       Montiel demuestra unos conocimientos enciclopédicos pero se aleja no obstante del repaso erudito. Aunque resulta imposible plasmar en pocas páginas la complejidad y riqueza de sus estampas, tratemos de dibujar, de manera irremediablemente esquemática, el vagabundeo que propone en estos Paseos sin rumbo. A través de sus cinco capítulos: «El fantasma y el flâneur», «La percepción gótica», «Ventanas indiscretas», «American way of death» y «Larga vida a la nueva carne», transitamos por los retratos literarios y cinematográficos de un sinfín de ciudades: Lisboa, Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Tokio, Río de Janeiro; escalas de un extenso viaje que a ojos de Montiel traza una travesía de la orfandad a estas alturas universal. La genealogía del terror contemporáneo da paso en el tercer capítulo a un paseo por los espacios interiores, casas y habitaciones adonde llegan, atravesando las paredes, los latidos hostiles del exterior. Cuartos llenos de secretos y tragedias inminentes que duermen en la oscuridad, que desde Otra vuelta de tuerca, de Henry James, continúan en películas como Las vírgenes suicidas, de Sofia Coppola, Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir, las novelas de Ismaíl Kadaré y, sobre todo, la pintura de Edward Hopper. En este reverso del ajetreo de las calles, el paseante se mueve por un territorio poblado de fantasmas y se descubre perdido en la infinitud inabordable de ciudades convertidas en «crisoles del aislamiento».

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