Ficha técnica

Título: Partisanos. Una historia de la Resistencia | Autor: Sergio Luzzatto | Editorial: DebateTraducción: Maria Pons Irazazábal   | Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta | Páginas: 384  | Formato: 16,1 x 23,8 cm  | ISBN: 9788499923765   | Precio: 24,90 euros  | EbooK: 12,99

Partisanos

DEBATE

«Partisanos» se llamaba en dialecto piamontés a los combatientes de la Resistencia, hábiles en el uso de las armas, decididos y resueltos; y así tituló Primo Levi un poema en 1981.

Levi, formidable escritor, combatió como partisano en el valle de Aosta en otoño de 1943, pero corrió un tupido velo sobre esas semanas antes de su captura y deportación a Auschwitz, apenas mencionando un «secreto desagradable». Este episodio, silenciado y desconocido hasta hoy -y que tiene como eje el uso de la violencia, la tortura y las ejecuciones sumarias como método cotidiano de la lucha contra los fascistas-, pone en tela de juicio el nombre de un símbolo universal de la lucha antifascista, pues tiene a Primo Levi como uno de los protagonistas. Tras investigar este secreto y ampliar la mirada desde el valle de Aosta hasta el noroeste de Italia, Sergio Luzzatto cuenta la historia de la Resistencia y los dilemas morales que acuciaron a los jóvenes de una nación a la desbandada tras la rendición de Italia a los aliados y la creación de la República de Saló.

En este libro, que provocó un encendido debate, Luzzatto restituye figuras vivas y no santos de la Resistencia ni monstruos de Saló. Y entre estas figuras está la de Primo Levi: dolido, y antes que testigo de la Solución final del problema judío, testigo de los aspectos más escabrosos de una guerra civil. Partisanos es un extraordinario ensayo histórico que ilumina magistralmente el problema fundamental de la legitimidad y la moralidad de la violencia. 

I

Inventar la Resistencia

Amay

«Alimiro» los había visto con sus propios ojos. Había visto a los hombres del Ejército Real, alpinos del Cuarto Ejército excombatientes de Francia u ofi ciales y soldados de la Escuela Central de Alpinismo de Aosta, subir los pasos del valle de Ayas con una única idea en mente, «pensando exclusivamente en salvar el pellejo». Los había visto, en aquellos dramáticos días posteriores al 8 de septiembre de 1943, atravesar los neveros de la Testa Grigia o los glaciares del monte Rosa para cruzar la frontera y llegar a la Suiza neutral, «arrojando bombas en los valles y destrozando los mosquetes»: los había visto salir por piernas y entregar Italia a los alemanes. Alimiro -en el registro civil Mario Pelizzari, de cuarenta años, delineante en la Olivetti de Ivrea- había tenido ante sus ojos un pedacito de patria a la desbandada, y se había comprometido consigo mismo para el próximo futuro. En la Italia ocupada por los nazifascistas, intentaría hacer algo mejor. Para «no convertirse en el hazmerreír o el cordero», para redimir el espectáculo de un sálvese quien pueda que le había hecho «sangrar el corazón».

Unas semanas antes, tras el 25 de julio y la caída del Duce, Mario Pelizzari fue uno de los primeros en la fábrica en advertir el peligro y ponerse manos a la obra. El futuro Alimiro -el partisano más legendario de Ivrea- no se limitó a recorrer las calles de su ciudad junto con un colega, armado con un martillo y un cincel, para arrancar de las fachadas de los edifi cios públicos todos los fasces que se les pusiera a tiro. Junto con su jefe, el ingeniero Riccardo Levi, que dirigía la  ofi cina técnica de la Olivetti y que había sido en cierto modo su maestro de antifascismo, Pelizzari intentó crear una comisión interna que funcionara como un primitivo núcleo de resistencia. A principios de septiembre se trasladó a Saint-Jacques, en el alto valle de Ayas, donde la Olivetti tenía una colonia de verano justo en la ladera del monte Rosa. Una colonia de postal, casi de ensueño. Si no fuera porque aquel era el verano de 1943 y el ejército alemán se disponía a ocupar toda Italia, incluido el pequeño valle de Aosta y el diminuto valle de Ayas. Y si no fuera porque decir ocupación alemana equivalía a decir peligro inmediato para los judíos italianos, para gente como el ingeniero Levi, que tenía mujer e hijos, para los muchos directivos y funcionarios de origen judío (familias de judíos ya poco judíos, pero que de un modo u otro seguían siéndolo) que habían contribuido a hacer de la Olivetti una fábrica en cierto modo especial.

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