Ficha técnica

Título: Parrot y Oliver en América | Autor: Peter Carey |  Traducción: Hernán Sabaté /Montserrat Gurgui | Editorial: Mondadori | Colección: Literatura Mondadori | Género: Novela | ISBN: 9788439725367 | Páginas: 512 |  PVP: 15,99 € | Publicación: 13 de Octubre de 2011

FINALISTA DEL PREMIO BOOKER 2010

Parrot y Oliver en América

MONDADORI

Basado en la vida de Alexis de Tocqueville, Parrot y Olivier en América es la hilarante crónica de una amistad imposible entre un señor y su criado.

Olivier, alias lord Migraña, es el hijo enfermizo y traumatizado de una pareja de aristócratas supervivientes de la revolución francesa. Parrot, alias Loro, es hijo de un impresor inglés itinerante que siempre ha soñado con convertirse en artista, pero que ha terminado siendo criado. Nacidos a diferentes lados de la historia, sus vidas se entrecruzarán en su viaje a América.

Cuando Olivier pone rumbo al Nuevo Mundo, con el pretexto de estudiar su sistema de prisiones y, de paso, para mantenerse a salvo de futuras revoluciones, Parrot es enviado con él como espía, protector, enemigo y contrapunto. A medida que la historia alterna las peripecias de ambos personajes y sus concepciones del mundo, Peter Carey examina la aventura de la democracia americana, en la teoría y en la práctica, con una inteligencia y una imaginación deslumbrantes.

«Parrot  y Olivier en América nos transporta a la América sin ley de 1830 y probablemente sea la novela más fascinante que ha escrito Peter Carey. Su prosa nunca ha sido más boyante, vigorosa y musical. Abre este libro y escucha cómo canta Peter Carey.» Paul Auster

«Peter Carey es un escritor que valoro no solo por sus tramas notablemente dickensianas, sino por la audacia de su estilo. es un gran imitador de voces muy diferentes. tiene unos conocimientos de época admirables. crea un retablo memorable tras otro, imágenes visuales impresionantes que se graban en el córtex. Es uno de los estilistas más exuberantes de hoy en día.» Edmund White

«Algunas de las viñetas poseen la inventiva maravillosamente estrafalaria de Dickens. Las similitudes incluyen el gusto por tramas extravagantemente caprichosas, personajes física y psicológicamente peculiares, un humor desaforado y una profunda conciencia hacia los no privilegiados y proscritos. Todo ello disponible en esta hilarante demostración de fuerza. » Peter Kemp, Sunday Times  

«Peter Carey en su mejor momento: juguetón, extravagante, una demostración de fuerza, una vertiginosa sucesión de aventuras, ejecutadas con gran estilo.» Andrew Riemer, Sydney Morning Herald

«Cuando esta novela te agarra, te atrapa. Por el corazón y la mente. Es la historia de una larga e improbable amistad, una historia de amor, y una aventura de un ritmo endemoniado.» Jennifer Byrne, The Age

 

OLIVIER

Tengo muy claro que, antes de mi nacimiento, sucedió algo cruel y catastrófico, y sin embargo mis padres, el comte y la comtesse, no me decían qué era. Como resultado de ello, mi órgano de la curiosidad se volvió irritable y me convertí en la criatura más inquieta y enfermiza que imaginarse pueda: flaco, pálido, siempre encaramándome, siempre metiendo la nariz en todas las acequias y buhardillas del château de Barf leur…

   Pero tened esto presente: dada la ferocidad de mis pesquisas, ¿no os parece natural que me topara con el célérifère de mi tío?

   En vuestras familias el célérifère tal vez fuese de dominio público, pero en la mía, como todo lo demás, era un misterio. Aquella torpe bicicleta de madera, construida por mi tío Astolphe de Barf leur, no salió a la luz hasta que un par de pizarreros itinerantes la entrevieron atada a las vigas. No sé, ni imagino, por qué mi tío, ya que supongo que fue él, tuvo que atarla allí y utilizó para ello dos correas de cuero para perro. Es muy propio de mí imaginar enseguida una tragedia -que ha muerto un fiel animal de compañía, por ejemplo-, pero quizá las traíllas de cuero eran lo que mi tío tenía más a mano. En cualquier caso, este era uno de los típicos enigmas atrapados en el interior del château de Barf leur. Al menos no fui yo quien lo encontró y eso hace que incluso ahora se me acelere el pulso al imaginar cómo habría reaccionado mi madre si así hubiera sido. Sus disgustos eran siempre imprevisibles. En cuanto a sus pasiones maternales, no las expresaba de forma convencional, aunque yo disfrutaba de las ocasiones, en absoluto infrecuentes, en las que ella temía que yo fuera a morir.

   En el año de 1809, consta en los archivos que llamó al médico en cincuenta y tres ocasiones. Veinte años más tarde, seguía adoptando las medidas más extravagantes para salvarme la vida.

   Mi infancia no estuvo bendecida ni mancillada por el célérifère y no lo habría mencionado en absoluto, salvo que aquí lo tenemos ahora, delante de nuestros ojos.

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