Ficha técnica

Título: Para que no te pierdas en el barrio | Autor: Patrick Modiano | Traducción:  María Teresa Gallego Urrutia | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de Narrativas |  Páginas: 152 | ISBN:  978-84-339-7930-8978-84-339-7930-8 | Precio: 14,90 euros  | Ebook: 9,99

Para que no te pierdas en el barrio

ANAGRAMA

Jean Daragane, un escritor solitario, recibe una llamada telefónica. Un desconocido de voz ligeramente amenazante le habla de una vieja libreta de direcciones que probablemente perdió en un tren que venía de la Costa Azul y lo cita para entregársela. El desconocido se presenta acompañado de una enigmática joven y se interesa por uno de los nombres de la libreta. Ese encuentro llevará al escritor a rastrear en su pasado, a rememorar un episodio de la infancia que marcó su vida: su madre lo dejó al cuidado de una amiga, en una enorme mansión a las afueras en la que el niño veía entrar y salir a extraños visitantes nocturnos. ¿Eran traficantes? ¿De qué? ¿Y quién era aquella mujer? ¿Qué habrá sido de ella? ¿Seguirá viva?

París y su extrarradio. El pasado. Una mujer misteriosa. El temor de un niño a ser abandonado. Un hombre que busca. Un escritor que indaga en una herida abierta que acaso la escritura logrará por fin sellar. Un libro que contiene muchas preguntas y apenas algunas respuestas. Un libro sobre misterios envueltos en las brumas del recuerdo. Un libro sobre un episodio de infancia que quizá explique toda una vida. Territorio Modiano: ecos, fragancias, imágenes como de una vieja película, escenarios evanescentes, personajes fantasmagóricos.

La nueva novela del premio Nobel Patrick Modiano es una obra maestra en la que el autor, detective de la memoria, reconstruye un episodio que forja su imaginario. Una pieza fundamental para completar el rompecabezas de su prodigiosa literatura.

«Patrick Modiano firma uno de sus textos más potentes, una novela preciosa y obsesiva» (François Busnel, L’Express).

«La indagación incesante de Modiano genera una de las búsquedas del tiempo perdido más fascinantes y obsesivas. De una melancolía vertiginosa y desgarradora» (Jérôme Garcin, Le Nouvel Observateur).

«Las novelas de Modiano se leen como quien entra en el cine. Uno mira a través de una ventana para ver si hay alguien al otro lado, acechando» (Claire Devarrieux, Libération).

«Modiano ha escrito un elogio de la sombra; ha condensado su arte poética en un centenar de páginas. La novela es un tratado de geografía urbana para uso de los paseantes por Modianolandia. No es tanto una novela como el sueño de una novela. Tanta elegancia y sutileza en su incierta búsqueda confieren a este libro un halo secreto» (Le Magazine Littéraire).

«Lo novedoso aquí es que Modiano aborda frontalmente un episodio de su infancia que parece haber conformado su imaginario literario, el momento fundacional de su escritura» (Nelly Kaprièlian, Les Inrockuptibles).

«Una novela proustiana» (Norbert Czarny, La Nouvelle Quinzaine Littéraire).

PÁGINAS DEL LIBRO

     Poca cosa. Como la picadura de un insecto, que al principio nos parece benigna. Al menos eso es lo que nos decimos en voz baja para tranquilizarnos. El teléfono había sonado a eso de las cuatro de la tarde en casa de Jean Daragane, en la habitación que llamaba el «despacho». Se había quedado traspuesto en el sofá del fondo, resguardado del sol. Y esos timbrazos que ya había perdido desde hacía mucho la costumbre de oír no cesaban. ¿Por qué esa insistencia? En el otro extremo del hilo, a lo mejor se les había olvidado colgar. Se levantó por fin y fue hacia la parte de la habitación próxima a las ventanas, donde el sol pegaba con muchísima fuerza.

      «Querría hablar con el señor Daragane.»

      Una voz desganada y amenazadora. Ésa fue su primera impresión.

      «¿Señor Daragane? ¿Me oye?»

     Daragane quiso colgar. Pero ¿para qué? Los timbrazos se reanudarían sin interrumpirse nunca. Y a menos que cortara definitivamente el cable del teléfono…

      «Al aparato.»

      «Es por su libreta de direcciones, caballero.»

     La había perdido el mes anterior en un tren que lo llevaba a la Costa Azul. Sí, sólo podía haber sido en ese tren. La libreta de direcciones había resbalado del bolsillo de la chaqueta seguramente en el momento de sacar el billete para enseñárselo al revisor.

       «He encontrado una libreta de direcciones a su nombre.»

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