Ficha técnica

Título: Oro | Autor: Dan Rhodes | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Páginas: 208 |  Fecha de publicación: 24 de Septiembre 2008 | Género: Novela  | Precio: 17 € | ISBN: 978-84-204-7365-9 | EAN: 9788420473659 

Oro

EDITORIAL ALFAGUARA

Bienvenidos al mundo de Dan Rhodes, un destino literario lleno de curiosidades.

A Miyuki Woodward, la hija de una galesa y un japonés al que nunca conoció, le gusta la rutina, y todos los años se escapa dos semanas al mismo pueblecito galés para echar terriblemente de menos a su novia, Grindl, mientras comparte las peculiaridades de sus habitantes, come feliz espaguetis de lata y lee un libro al día. Pero este año ha decidido atreverse a hacer algo diferente, que tendrá insospechadas consecuencias…

Esta comedia agridulce, en la que se funden el amor y el humor negro, descubre una vez más la capacidad de Dan Rhodes para transformar una historia romántica y bucólica en una inesperada tragedia de gran profundidad.

Lunes

         El señor Hughes el Alto, el señor Hughes el Bajo y el señor Puw estaban de pie en la barra del Anchor.

         -¿Saben qué estaríamos haciendo ahora mismo si fuéramos caimanes? -preguntó el señor Hughes el Alto, que apenas había hablado de otra cosa que de caimanes durante tres noches consecutivas. Había sido caimanes esto y caimanes lo de más allá.

         -No -farfulló el señor Puw mirando, pero sin ver, una hilera de jaeces de latón en el otro extremo del local.

         El señor Hughes el Bajo miraba en dirección a las tazas de peltre que colgaban de una de las vigas detrás de la barra. No dijo nada, pero torció hacia abajo las comisuras de la boca y negó con la cabeza.

         El señor Hughes el Alto se irguió todo lo que pudo, permitiendo incluso que los talones se le separaran un poco del suelo. A pesar de su nombre, él no era particularmente alto, sólo un poquito más alto que el señor Hughes el Bajo, el cual no era particularmente bajo. Cada uno estaba tan sólo unos centímetros por encima o debajo de lo normal, y era el señor Puw, con su pipa y su gran barba negra, el más bajo de los tres con cierta diferencia.

         Decidiendo que ya había mantenido suficiente rato el suspense, el señor Hughes el Alto reveló por fin su último dato con respecto a los caimanes:

         -Estaríamos… -dijo-, hibernando.

         -Oh -repuso el señor Puw, con la mirada enfocando al fin los jaeces. Le parecieron especialmente relucientes y se preguntó sin mucho entusiasmo si los habrían pulido desde la última vez que les había prestado atención. No tenía ni idea de cuándo habría hecho eso.

         El señor Hughes el Bajo siguió mirando con fijeza hacia las tazas de peltre. Torció de nuevo las comisuras de la boca hacia abajo y negó con la cabeza, mesándose el hirsuto bigote gris con los dedos de la mano izquierda.

         -Verán, es que estamos en invierno -aclaró el señor Hughes el Alto, llenando la estancia con su sonora voz de barítono-, y en invierno hibernan… -clavó la mirada en su bebida unos instantes y cuando volvió a hablar lo hizo en tono más bajo-, eso hacen los caimanes -bajó los talones y tendió una mano hacia su vaso.

         El silencio que siguió se vio interrumpido por el chasquido del termostato de la cámara de las botellas, que la hizo volver a la vida entre traqueteos y ronroneos. Hacía mucho más ruido del que debería.

         -A esa cámara le hace falta que le echen un vistazo -comentó el señor Hughes el Bajo.

         El señor Hughes el Alto y el señor Puw asintieron con las cabezas, pero no dieron paso alguno para alejar la conversación de los caimanes y llevarla hacia el mantenimiento de cámaras.

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