Ficha técnica

Título: Operación Dulce | Autor: Ian McEwan | Traducción:  Jaime Zulaika | Editorial: Anagrama | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7874-5 | Páginas: 400 | Colección:  Panorama de narrativas  | PVP: 19,90 € | Publicación: octubre del 2013

Operación Dulce

ANAGRAMA

Inglaterra, 1972. En plena guerra fría la joven estudiante Serena Frome es reclutada en Cambridge por el MI5. A partir de ese momento nada en su vida será lo que parece. Cada verdad oculta una mentira y detrás de cada lealtad se agazapa una traición.

La misión que le encargan es crear una fundación para ayudar económicamente a novelistas prometedores, pero la verdadera finalidad es generar propaganda anticomunista. Y en su vida dominada por el engaño entra Tom Healy, joven escritor del que acabará enamorándose. Hasta que llega el momento en que tiene que decidir si seguir con su mentira o contarle la verdad, y será entontes cuando acaso se sabrá quién está engañado a quién.

Esta deslumbrante novela se organiza como un ingenioso y perverso juego de muñecas rusas que atrapa y sorprende al lector con sucesivas vueltas de tuerca en las que realidad y ficción se funden y confunden.

El autor se sirve de una trama de espionaje con toques de thriller para construir una historia en la que indaga el choque entre la lealtad y la traición, el amor y la redención, la honestidad y el engaño, la literatura y la realidad.

Con esta narración de extraordinaria sutileza psicológica y precisa arquitectura, de trama trepidante y momentos de fina ironía, Ian McEwan demuestra una vez más que es un maestro consumado del arte de la novela.

«Una novela que es una enorme y maravillosa muñeca rusa… Es una novela irónica y una novela de ideas, pero, a diferencia de otros libros de ese estilo, es también intensamente emocionante» (The Observer).

«De una agudeza absoluta… Una novela sublime sobre las novelas, sobre cómo se escriben y se leen, y sobre el espionaje que ambas cosas implican» (Lucy Kellaway, The Financial Times).

«Toma las expectativas y tropos del thriller de la guerra fría, amplía el suspense y convierte la historia en otra cosa… Sólidamente construida y de placentera lectura, está escrita con elegante prosa y sutil inteligencia» (Amanda Craig, The Independent).

«De lectura apasionante y, en algunos momentos, endiabladamente divertida» (Arminta Wallace, The Irish Times).

«La deliciosa nueva novela de McEwan nos proporciona todos los placeres que uno espera de un autor como él: persuasiva inteligencia, amplios y profundos conocimientos, una prosa elegante, un sutil ingenio y, por último aunque no menos importante, un singularmente agradable elemento de sorpresa» (Jonathan Yardley, The Washington Post).

«Como nos tiene acostumbrados, la prosa de McEwan seduce sin esfuerzo» (Michiko Kakutani, The New York Times).

«Extremadamente inteligente. Y también es, de lejos, su libro más jovial» (Kurt Andersen, The New York Times Book Review).

«La novela más elegante y personal de McEwan hasta la fecha… La novela más disfrutable de este año» (The Daily Beast).

 

1

     Me llamo Serena Frome (rima con plume) y hace casi cuarenta años me encomendaron una misión secreta del Servicio de Seguridad británico. No salí indemne. Me despidieron dieciocho meses después de mi ingreso, tras haberme deshonrado yo y haber arruinado a mi amante, aunque sin duda él colaboró en su perdición.

     No me alargaré mucho hablando de mi infancia y adolescencia. Soy hija de un obispo anglicano y crecí con mi hermana en el recinto catedralicio de una encantadora ciudad provinciana del este de Inglaterra. Mi hogar era agradable, pulcro, ordenado, lleno de libros. Mis padres se llevaban bastante bien y me querían, y yo les quería. Mi hermana Lucy y yo nos llevábamos un año, pero nuestras estridentes peleas adolescentes no dejaron una huella duradera y nuestra relación de adultas se volvió más estrecha. La fe de nuestro padre en Dios era muda y razonable, no se inmiscuyó mucho en nuestra vida y a él le bastó para escalar sin percances la jerarquía eclesiástica e instalarnos en una casa confortable, de estilo reina Ana. Daba a un jardín cerrado, con antiguos arriates perennes que eran muy conocidos, y lo siguen siendo, para los que saben de plantas. En suma, todo era estable, envidiable, hasta idílico. Crecimos dentro de un jardín tapiado, con todos los placeres y limitaciones que supone.

     Los últimos años sesenta despejaron pero no perturbaron nuestra vida. A menos que estuviese enferma, no me perdí un día de asistencia al colegio. Cercanos los veinte, hubo manoseos a fondo, como se les llamaba, al otro lado de la tapia del jardín, experimentos con tabaco, alcohol y un poco de hachís, discos de rock and roll, colores más vivos y un entorno de relaciones más cálidas. A los diecisiete años, mis amigas y yo éramos tímida y alegremente rebeldes, pero hacíamos los deberes escolares, memorizábamos y regurgitábamos los verbos irregulares, las ecuaciones, los móviles de personajes de ficción.

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