Ficha técnica

Título: Oh América | Autor: Marcella Olschki | Traducción: Francisco de Julio Carrobles | Editorial: Periférica | Colección: Largo recorrido | Páginas: 192 | ISBN: 978-84-92865-82-6 | Precio: 16,75 euros

Oh, América

PERIFÉRICA

Corre el año 1946. Una joven italiana, culta y políglota, llega a Estados Unidos para reencontrarse con su marido, un oficial norteamericano con el que se casó en Italia al final de la guerra. Viaja llena de ilusiones en un singularísimo barco repleto de esposas de otros soldados yanquis. La «anormalidad» de ese viaje anticipará ya los sorprendentes, y a veces infortunados, giros que va a dar su vida en cuanto llegue a tierra.

Oh, América dibuja de un modo tan divertido como lúcido una época fascinante y una nación tan grande como contradictoria, y lo hace a través de una voz (a ratos indecisa, a ratos segura de sí misma) que representa a toda esa generación de mujeres que se alzó sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. La mirada europea de la protagonista nos lleva de los altos rascacielos de Nueva York a la soleada California, de Reno a Hawái; y coloca a un sinfín de personajes bajo su implacable y a la vez comprensiva lupa: locutores de radio y actores, cowboys y millonarios, intelectuales y expatriados.

Marcella Olschki escribió tan sólo dos novelas (una combinación perfecta de humor y melancolía, de juventud y aventura), pero bastaron para convertirla en uno de los nombres más estimables de la literatura italiana del siglo XX. «Acción y reflexión» podría ser su lema.

NUEVA YORK , 1946

 

A veces ocurren cosas extrañas. Poco antes de Navidad, después de haber visto en el telediario el homenaje a Ciriaco De Mita* en Nueva York, me vinieron a la mente los pocos contactos que en 1946 mantuve con los italoamericanos en aquella ciudad. Ahora, después de tantos años, volvía a ver a un grupo que brindaba entre aplausos por los éxitos de Italia en todos los campos, y especialmente en el del antiterrorismo, ya -se decía con poca prudencia del todo extirpado-. En medio del entusiasmo general, De Mita triunfaba rodeado por un buen número de caras limpias. ¡Cómo han cambiado los italoamericanos! En los gestos y en el vestir, en el aspecto y en el comportamiento no tenían lo que se dice nada que ver con los que yo recordaba de aquellos tiempos lejanos. Aun así no conseguía descartar vagas sospechas, dudas tal vez del todo injustificadas: ¿cuántas de aquellas caras estarán limpias también al otro lado de la pantalla del televisor?

Me entraron ganas de escribir sobre ellos, sobre cómo los había visto en 1946, fresco aún el impacto que los Estados Unidos me produjeron después de padecer cuatro años de guerra. Luego releí lo escrito y me pareció que no podía interesarle a nadie lo que entonces había visto y pensado. Así que hice una gran bola de papel y la arrojé a la papelera. Unos días más tarde, aprovechando el largo puente navideño, me puse a ordenar una habitación donde desde hacía decenios había ido acumulando papeles, documentos, correspondencia y fotografías sin haber tenido nunca el valor de afrontar aquellas pilas de cosas inútiles y arramblar de una vez con todo.

A media tarea aparece un archivador lleno de cartas. Tengo ante mis ojos lo que se dice un auténtico dossier: un año y medio de vida en América;mi vida, desde abril de 1946 a septiembre de 1947, contada a mis familiares casi minuto a minuto. Así que ahora ya no se trataba de recuerdos algo desvaídos por el tiempo, sino de imágenes inmediatas, relatos, comentarios, encuentros, personajes grandes y pequeños, desesperaciones, nostalgias, ilusiones y desilusiones, y esperanzas. En una palabra: una vida entera, intensísima, comprendida en el lapso de tan sólo un año y medio. Todo regresa tan vivo y tan vívido como si de súbito se hubiese caído la pantalla de los decenios que separa el presente del pasado.

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