Ficha técnica

Título: Nuestra Europa | Autores: Edgar Morin y Mauro Ceruti | Traductores: Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García | Editorial: Paidós | Colección: Estado y Sociedad | Páginas: 160 páginas | Formato: 13,5 x 21 cm |Presentación: Rústica con solapas | ISBN: 978-84-493-2907-4 | Precio: 15,90 euros | Ebook: 10,99 euros

Nuestra Europa

PAIDÓS

Antes de la llegada de la crisis mundial, Europa ya estaba en crisis. No había logrado alcanzar ni su objetivo de avanzar en el proceso de unificación metanacional ni en el de integrar a las naciones resultantes de la disolución del Imperio soviético. La crisis económica mundial no sólo amenaza con agravar la crisis europea, sino también con disgregar la propia Europa. Con todo, «allí donde crece el peligro, crece también la salvación», decía uno de los más grandes poetas europeos (Hölderlin). Edgar Morin y Mauro Ceruti nos invitan precisamente a un pensamiento y a una política de salvación. Trazan un apasionado retrato de nuestra Europa, de su ambivalente historia fraguada entre la civilización y la barbarie, y se preguntan cómo podemos exorcizar el riesgo de parálisis y de disgregación, demostrando así que las razones para la esperanza anidan paradójicamente en las razones para la desesperación.

 

 

Primeras páginas  

 

La pequeñez de Europa es hija de su grandeza histórica

En cuanto los pueblos europeos emprendieron la conquista de América y la circunnavegación del globo a partir de 1492, Europa se convirtió en el punto de partida de la era planetaria, que fue a la vez una etapa de occidentalización y mundialización.

En la actualidad, sin embargo, Europa ha encogido.

No esmás que un fragmento deOccidente, cuando, cuatro siglos antes, Occidente era un fragmento de Europa. Ya no está en el centro del mundo y ha quedado confinada a la periferia de la historia.

Se ha vuelto provinciana con respecto a los gigantescos protagonistas de la era global. Se ha convertido en una provincia del mundo y ha perdido cada vez más peso en cuanto a demografía, poder militar y recursos energéticos y mineros.

Esta nueva condición de provincia del mundo conmina a Europa a superar su actual fragmentación en Estados individuales dotados de soberanía absoluta.

Europa se ve obligada a realizar dos conversiones aparentemente contradictorias, pero en la práctica complementarias: debe superar la nación y reconocer su condición de provincia. Los europeos debemos unir estos dos actos en un único proceso. Solo así podremos asumir el destino del planeta y, en consecuencia, regenerar de forma novedosa y concreta ese Universal definido por nuestra cultura.

Europa debe convertirse en una provincia y en una metanación. Solo esta doble metamorfosis puede llevarla a desempeñar un papel decisivo en la toma de decisiones de los procesos de globalización, un papel consciente y creativo precisamente por la especificidad de su historia y de su identidad plural.

La renuncia forzada a ser el centro del mundo podría abrir una vía para la salvación de Europa.

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