Ficha técnica

Título: Noticias del frente | Autor: Guillermo Busutil | Editorial: Tropo Editores |Colección: Voces | Dimensiones: 22 x 14 cm. | Páginas: 237 | ISBN: 978-84-96911-74-1 | Precio: 18 euros

Noticias del frente

TROPO EDITORES

Noticias del frente combina el periodismo literario y relatos de ficción que muestran la poliédrica cara de la crisis e indagan en los miedos, en las pérdidas, en las esperanzas, en el combate diario de la gente sencilla para salir adelante.

Vidas del drama, personajes outsiders, las fronteras de la supervivencia, la voz de las víctimas, las sombras de las batallas, la ambigüedad de los nuevos héroes, los restos de las derrotas y los horizontes a lo lejos se entrecruzan en estas historias, donde también hay un intento de contar aquello que no se ve, que no se cuenta.

Además de los habituales temas del autor, la literatura, el cine y el arte como expresión normalizada de lo cotidiano, estás páginas están llenas de latidos de humanidad, de anonimato, de compromiso y rebeldía. A veces son la huella de un graffitti en las paredes de una realidad que nos está cambiando la vida.

«Los cuentos de Busutil nos descubren, sorprenden, enredan y convencen». Javier Goñi. Babelia

«Cuentos impecables que tienen la tensión del poema y la inolvidable prosa de una narración contundente» Juan Bonilla. El Mundo

«Sus cuentos están fraguados con la delicadeza de un orfebre y la ambición perdurable de los herreros» Fernando Iwasaki

«Los cuentos de Busutil desbordan relámpagos sensoriales que descienden a zonas profundas del ser humano y de los misterios de su universo cotidiano». Javier Lostalé. El Ojo Crítico

«En los relatos de Busutil sobresalen la resolución, casi siempre sorpresiva, y el dominio de un léxico rico y abundante en la adecuación temática de las historias» Revista Leer

LA VERDAD EN COMBATE

Los domingos acostumbro a descansar de las batallas. No me afeito. No leo el parte de bajas ni abro ninguna ventana desde la que se vea el humo del frente y sus fantasmas. Tampoco armo la palabra y la disparo. Sé que la guerra sigue. La mía, la de los otros. La del país, la del mundo. La de Siria de la que de repente quieren convertirnos en cómplices. Una vez más, los gobiernos necesitan que creamos en los enemigos y en los héroes. En los pájaros heridos, en los soldados valientes. En los ancianos con la ceguera en blanco, en los niños cuya mirada es un llanto seco, un silencio imborrable. En la infancia en fila india a ras del suelo, con sus pantalones cortos, sus muñecas de trapo, el pie desnudo y borroso al que le falta un zapato. En las madres que levantan su dolor ileso hacia el cielo donde solo se escuchan aviones armados, misiles, los silbidos de la metralla, el grito de su amor entregándose al luto y a la locura. Eternos Goya y Picasso.

Los políticos necesitan que, frente a la televisión, creamos la verdad que nos presentan inocente, ensangrentada, con la vida sobre los hombros del miedo intentando cruzar fronteras, ponerse a salvo en los refugios donde más tarde se librará otra batalla. Siempre lo hacen. La espectacularidad del drama y las emociones es la coartada con más química en tiempos de guerra. La utilizan en dosis certera. Saben que si la tragedia nos conmueve, y conmovernos debe, es más fácil que apoyemos su sentido de la justicia. Que frente a las cámaras, traje de raya diplomática, de fondo las banderas de los aliados, la voz grave, en primer plano, anuncie la intervención humanitaria. El séptimo de caballería con el que Estados Unidos convierte en sioux a cualquier enemigo que se atreva a decir «esta tierra es mía». Desde hace siglos, los ciudadanos nos hemos dejado arrastrar a cruzadas que no eran nuestras y de las que volvíamos delincuentes o mendigos. Y más tarde, a desgarradores conflictos bélicos diseñados en un tablero de ajedrez sin reinas, reyes, alfiles ni peones. Las torres son las únicas que permanecen, símbolo y metáfora del poder de la energía de mercado, enrocadas geoestratégicamente. Las otras figuras son yacimientos con grandes reservas de petróleo, nuevos gaseoductos, importantes bolsas de gas natural que prometen millonarios beneficios. Las víctimas, la realidad con el vientre abierto, son lo de menos. Lo que importan son los tesoros de Irak, de Afganistán, de Libia, de Siria, ambicionados por las manos de unos hombres cuyos rostros no conoce ningún periodista sabueso en política, ningún corresponsal curtido como corsario, ninguno de esos cinematográficos asesinos profesionales que tampoco existen ni dejan rastro.

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