Ficha técnica

Título: Nota del autor (Los prólogos de Conrad a sus obras) | Autor: Joseph Conrad | Traducción: Miguel Martínez-Lage,  Catalina Martínez Muñoz y Eugenia Vázquez Nacarino | Dibujos: Ramon Sanmiquel | Editorial: La Uña Rota | Colección: Libros del Apuntador |  Género: Novela | ISBN: 9788495291271 | Páginas: 240  | PVP: 16,00 € | Publicación: octubre de 2013

Nota del autor

LA UÑA ROTA

Traducido por CATALINA MARTÍNEZ MUÑOZ, MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE y EUGENIA VÁZQUEZ NACARINO, reúne, por vez primera en castellano, los prólogos que Joseph Conrad escribió a sus libros con motivo de la publicación de sus obras completas en Inglaterra. Conrad se prestó a revisar sus novelas y cuentos con la actitud crítica de quien, frente a un espejo, se mira sin tapujos y desnuda «la propia alma de toda vestimenta a ojos del mundo entero».

Como broche final se incluye un ensayo, inédito hasta ahora en castellano, de Edward Garnett, reconocido editor y amigo personal de Conrad, en el que sitúa la obra del escritor en la literatura inglesa y continental.

Cada prólogo, liberado de la obra para la que fue escrito, va trazando una suerte de mapa vital; y leídos en conjunto proyectan ante el lector un perfecto autorretrato. Aquí es el Conrad hombre quien nos habla con una libertad, ajena a todo corsé, acerca de la creación y la crítica literaria, del origen de los personajes, de su visión de la naturaleza humana, del fracaso, las dudas y los avatares de una vida dedicada en cuerpo y alma a la literatura, tras abandonar la marina con 37 años.

En suma, Nota del autor conmemora a uno de los escritores que más decisivamente ha influido en la narrativa contemporánea, al tiempo que ofrece al lector una ocasión excepcional para observar de cerca cómo trabaja la imaginación de un escritor, una imaginación, en el caso de Conrad, entendida como una forma inequívoca de desentrañar la verdad.

«Los prefacios de Conrad no son prólogos a los que los novelistas recurrirán con tanta frecuencia como los lectores: tratan de la vida como del arte, de las palabras o de las acciones que por una razón u otra han sido excluidas de las novelas.» Graham Greene

 

LA LOCURA DE ALMAYER

Me consta que al criticar esa literatura que se nutre de pueblos foráneos y ronda por países lejanos a la sombra de las palmeras, en playas azotadas por un sol de justicia, entre caníbales honestos y los más sofisticados pioneros de nuestras gloriosas virtudes, una dama, distinguida en el mundo de las letras, resumió su rechazo diciendo que esos relatos eran «barbarizantes». Y en esa sentencia no sólo los relatos, sino entiendo que también los pueblos foráneos y los países lejanos, acabaron condenados por un veredicto de disgusto cargado de desdén.

     El juicio de una mujer, intuitivo, sagaz, expresado con oportuno encanto: infalible. Un juicio que nada tiene que ver con la justicia. Quien así critica y enjuicia parece pensar que en esas lejanas tierras toda alegría es un alarido y una danza de guerra, que toda emoción es un aullido y una mueca atroz de dientes afilados, y que la solución a los problemas se halla siempre en el cañón de un revólver o en la punta de una azagaya. Y no es así. Sin embargo, el errado juez podrá escudarse en la naturaleza engañosa de la evidencia.

     La vida se retrata, allí como aquí, con el mismo gusto por el detalle, se pinta con los mismos tonos. Sólo bajo la serenidad inclemente del cielo, al resplandor de un sol implacable, la mirada encandilada no distingue el detalle delicado, ve únicamente los trazos gruesos, en tanto que los colores, a la luz recia, parecen toscos, sin sombras. Aun así, la imagen es la misma. 

     Y existe un vínculo entre nosotros y esa humanidad tan lejana. Me refiero a los hombres y las mujeres, no a las adorables y estilizadas fantasmagorías que se mueven en nuestro mismo lodo y fuman e irradian la tenue luminosidad de todas nuestras virtudes; que poseen el conjunto de los refinamientos, la sensibilidad, la sabiduría, pero, al no ser más que fantasmagorías, carecen de corazón.

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