Ficha técnica

Título: Noche es el día | Autor: Peter Stamm | Traducción: José Aníbal Campos | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 274 | ISBN: 978-84-16748-09-9 | Fecha: sep/2016 | Encuadernación: Rústica cosida | Formato: 13 x 21 cm | Páginas: 176 | Precio: 16 euros

Noche es el día

ACANTILADO

Gillian es una atractiva presentadora de televisión que, con tan sólo treinta años, parece haberlo conseguido todo: éxito profesional, reconocimiento y un matrimonio armónico. Una noche, tras discutir con su marido Matthias, sufren un grave accidente. Cuando ella despierta en el hospital su vida ha cambiado por completo.

A partir de entonces empezará a reconstruir su propia historia en busca de claves que le permitan entender quién fue la mujer que murió para siempre en aquel accidente, y descubrir a la que nació y es en el presente. Con su característica prosa depurada y concisa, Peter Stamm nos ofrece en este libro una bella, serena e inquietante exploración de la identidad.

La prensa ha dicho:

«Con obstinación y sutileza, Stamm rompe el posado para ver la luz íntima de un cuerpo, su misterio». Ana Abelenda, La Voz de Galicia

«La mirada con que Stamm observa la vida de las personas corrientes es tan fascinante como la de un atropólogo». The Guardian

«Una historia conmovedora sobre el proceso de curación». The New Yorker

[Comienzo del libro]

Noche es el día en que verte no consigo,
día las noches que soñando estoy contigo.
William Shakespeare, Soneto XLIII

Despertar varias veces y adormecerse de nuevo, emerger del sueño y sumergirse una vez más en la ingravidez. Gillian flota en el agua: un resplandor azul. Su cuerpo cobra en ella un color amarillento, pero en cuanto emerge desaparece en la oscuridad. Toda la luz proviene del agua cá- lida que chapotea sobre su vientre, sobre sus senos. Es un agua aceitosa que se desliza por su piel en forma de perlas. Parece encontrarse en un recinto cerrado, hay calma, pero ella siente que no está sola. Es amada, y el amor la colma.

El tiempo da saltos. Al oír un ruido, abre los ojos. Ahora está sola. En la pared hay hileras de puntos de luz que antes no estaban. Gillian cierra los ojos, el ruido se aleja y se acalla.

Más tarde una silueta blanca, con las manos extendidas en gesto apaciguador, se mueve a su lado y desaparece de nuevo. Gillian siente un ligero mareo casi benéfico, una deliciosa debilidad que tira de ella hacia abajo, de vuelta al sueño. De repente todo se ilumina, cobra un color blanco enceguecedor. Sobre la mesilla de noche está la bandeja con el desayuno. Huele a café y a flores. Su cuerpo va despertando muy lentamente, Gillian siente las piernas, el brazo que aparta la manta, la frialdad sobre la piel desnuda. Apenas siente dolor, sólo la sensación de concentrarse y disolverse de nuevo, una lenta pulsación. A su lado yace una mano que oprime un botón y se convierte en su mano. Algo alza su cuerpo, percibe un leve zumbido. Le resulta muy fácil respirar, algo insólito, como si el aire entrara a raudales en su cuerpo, sin freno, y se escapara de nuevo. Un dedo oprime el botón verde sobre el que se ve el pequeño pictograma de una campana. Pasa el tiempo.

La mujer de blanco entra en el recinto, se acerca a la cama y, sin preguntar, coge el orinal. De nuevo esa sensación de estar disolviéndose, la calidez que emana del cuerpo.

-¿Ha terminado?

Gillian dice algo que suena como un breve gemido. Le parece que habita sólo esa ínfima parte del cuerpo, un cuerpo que le parece demasiado grande, un edificio vacío lleno de ruidos extraños, de un movimiento incontrolable. Cuando uno entra en alguno de sus recintos, parece que alguien acaba de abandonarlo. Se oyen conversaciones y risas provenientes de algún sitio. Gillian baja deprisa una escalera, pero otra vez llega demasiado tarde. Sobre la mesa están la vajilla sucia y unas fuentes vacías. Las servilletas yacen arrugadas sobre el mantel blanco, entre manchas de vino y migas.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]