Ficha técnica

Título: No Impact Man | Autor: Colin Beavan | Traducción del inglés: Olga Hernando | Editorial: 451 | Colección: 451.http.doc | Páginas: 322 | PVP: 19.50 euros

No Impact Man

EDITORIAL 451

 

Un progre con complejo de culpa estalla, se niega a consumir nada envasado en plástico, se convierte a lo orgánico, se vuelve un nazi de la bici, desenchufa los plomos, recicla sus excrementos como abono, y en general se transforma en un lunático abraza-árboles que pretende salvar a los osos polares y el resto del planeta de la catástrofe medioambiental, arrastrando por el camino a su niña de dos años y a su esposa adicta a Prada y a los hoteles de cinco estrellas.

«Desde hace casi un año, tratamos de sobrevivir en plena ciudad sin causar ningún impacto neto al medioambiente. Eso significa generar el mínimo de basura (así que nada de comida para llevar), no emitir dióxido de carbono (nada de conducir ni subirse a un avión), no verter toxinas en el agua (nada de detergente). Y, a la vez, hay que compensar el impacto que no conseguimos evitar (por ejemplo, plantando árboles). Ni hablar de ascensores, ni de metro, ni de comprar productos envasados, ni de plástico, ni de aire acondicionado, ni de tele, ni de papel higiénico». Colin Beavan, The New York Times

 

Capítulo 1

Durante un año mi esposa, nuestra niña y yo nos propusimos vivir en el centro de Nueva York sin producir ningún tipo de impacto ambiental. Es decir, hicimos todo lo que estaba en nuestra mano para no generar basura (así que nada de comida para llevar), no emitir dióxido de carbono (así que ni conducir ni volar), no verter sustancias tóxicas en el agua (así que nada de detergente), no comprar productos importados de lugares remotos (así que nada de fruta de Nueva Zelanda); y, por supuesto: nada de ascensores, ni metro, ni productos envasados, ni plástico, ni aire acondicionado, ni televisión, ni comprar cosas nuevas…

Pero antes de entrar en detalles debería aclarar cómo llegué a convertirme en No Impact Man. Voy a comenzar con una historia que digamos que es como una confesión, una especie de inventario de todo lo que me hizo cambiar; un rollo mea culpa, en plan hijo pródigo. 

 

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