Ficha técnica

Título: Niñas y detectives | Autor: Giovanna Rivero | Editorial: Bartleby Editores | Páginas: 128 | Encuadernación: Rústica | Primera edición: junio 2009 | ISBN: 978-84-95408-83-9 | PVP: 14 euros

Niñas y detectives

BARTLEBY EDITORES 

 

«Si Giovanna Rivero fuera una escritora mexicana, hace tiempo que estaría publicando en alguna una de las editoriales españolas más consolidadas y conocidas; si una argentina, ya habría ganado un par de premios importantes y habría sido traducida al francés o al alemán. Como no lo es, las cosas tardan más de lo que debieran. No importa: los que conocemos el secreto sabemos que es sólo cuestión de tiempo el que los lectores de fuera de Bolivia se enteren de que Giovanna ya es una escritora latinoamericana de primer nivel. En su narrativa la tensión nunca está del todo contenida. La violencia explota, hay guerra por todas partes. Como los alacranes de uno de sus cuentos, los hombres y las mujeres siempre atacan, y uno debe de estar alerta para intuir el peligro. Que para otros sea la página tranquila; aquí hay sangre de verdad, y nunca gratuita. Me quedo corto si digo que con Niñas y detectives Giovanna Rivero irrumpe con fuerza en el panorama de la literatura hispanoamericana publicada en España. Este libro es, a la vez, un vendaval de imágenes y tramas fascinantes y una fiesta del lenguaje. Quedan advertidos.» Edmundo Paz Soldán

 

MEDUSA

 

Desde entonces, cuando me ve, se cruza a la otra vereda. Esto, no lo puedo negar, me causa intensa satisfacción; claro que también debo reconocer que la satisfacción no borra todo el dolor que ella me ha ocasionado. A él no lo culpo. Él cayó como un pajarito desplumado entre sus fauces de zorra hambrienta. Pero de paso le hice saber a él, a mi marido, que la próxima víctima bien podría ser él mismo, que ni todo el amor que le tengo podría detener mi furia, porque si de zorras se trata, yo sé ser de las mejores.

Al principio no me di cuenta, hay tantos tipos en el taller, tanta testosterona junta, que el ingreso de cualquier mujercita causa revuelo. Y esta mujercita en particular no significaba ningún peligro: las caderas tan angostas como las de un muchachito, los pechos, ¡ja!, los pechos: dos vértices diminutos como picadas de abejas; lo único que avisaba su feminidad era ese pelo negro, negrísimo, esa cascada de tiniebla enmarcándole su cara de mosquita muerta. Ella conocía su arma porque se pintaba el pico de rojo púrpura para que contrastara con su cabellera nocturna. Y la muy perra se iba de moño, fingiendo una discreción que jamás tuvo; recién cuando veía a mi marido se soltaba la hebilla como quien no quiere la cosa y el pelo se le alborotaba libre al viento, extendiéndose como una medusa de irresistibles tentáculos. ¡La muy pulpa!

El bruto de mi marido, siempre debajo de los camiones, con las manos engrasadas y el sudor cubriéndole el pecho, apenas la veía se escurría para salir de debajo del vehículo, y ella le alcanzaba el refresco de miel con tanta cortesía que ahí sí empecé a sospechar. A los demás, por ejemplo, al tuerto y a Mendoza, les asentaba el vaso cerca de las herramientas y ni se acercaba a ellos dizque para no ensuciar su delantal. Otro día, cuando la medusa azabache pensó que yo no estaba, seguro porque vio al tuerto en la caja haciendo los cobros, se paró delante del Volvo que mi marido estaba arreglando y se puso de cuclillas para mostrarle lo que ya sabemos, casi puedo jurar que no llevaba ropa interior. Me quedé congelada dentro del baño y desde una rendija vi cómo mi marido se acercaba despacito y se metía entre las piernas flacas de la medusa, y ella, ¡la hayan visto!, inclinó la cabeza para cubrirle los hombros engrasados al estúpido de mi marido con su pelo negro negrísimo. Fue por eso que no pude ver más, pero me lo supongo, me lo supongo…

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