Ficha técnica

Título: Navidades en Cold Comfort Farm | Autor: Stella Gibbons |  Traducción: Laura Naranjo y de Carmen Torres García | Editorial: Impedimenta  | Género: Novela | ISBN: 978-84-15578-27-7 | Páginas: 352| Formato:  13 x 20 cm.| Encuadernación: Rústica | PVP: 22,75 € | Publicación: 2012

Navidades en Cold Comfort Farm

IMPEDIMENTA

Un libro sabroso y adictivo, en el que Stella Gibbons se vale de toda su magia narrativa para mostrarnos el lado más cándido, divertido y perspicaz de la sociedad de su época.

Stella Gibbons ya nos fascinó con las aventuras de La hija de Robert Poste y con esa moderna fábula londinense de la Cenicienta titulada Westwood. Ahora, en lo que se ha convertido en una de las grandes sensaciones del año en el Reino Unido, una Gibbons en estado de gracia nos ofrece Navidades en Cold Comfort Farm: dieciséis chispeantes y deliciosas historias repletas de personajes que viven rodeados de un glamour y una frivolidad que van repartiendo por fiestas, picnics y encuentros amorosos, y que culminan en el relato que da título al volumen, una precuela de su obra maestra, La hija de Robert Poste, donde se nos narra una sangrienta e hilarante cena de Navidad años antes de la primera visita de Flora Poste a Cold Comfort Farm, la granja de la Inglaterra profunda que daría título a la saga.

«Uno de los libros más divertidos de este año. Puro placer libresco. Un clásico atemporal.» The Guardian 

 

EL ARBOLITO DE NAVIDAD

     Como estaba harta de vivir en Londres entre gente maliciosa, la señorita Rhoda Harting, una novelista reservada aunque moderadamente exitosa en su trigésimo tercer año de vida, se retiró un mes de noviembre a una casita en Buckinghamshire. Tampoco el matrimonio estaba entre sus planes.

     -No me gusta el alboroto ni el ruido ni las preocupaciones ni todas esas otras circunstancias que, como me cuentan mis amigos casados, vienen aparejados al estado marital -decía-.
Me gusta estar sola. Me gusta mi trabajo. ¿Por qué razón iba a casarme?

     -No eres normal, Rhoda -protestaban sus amigos.

     -Puede, pero al menos soy feliz -replicaba la señorita Harting-, lo cual -añadía (aunque para sí misma)- es más de lo que se puede decir de la mayoría de vosotros.

     La casita de Buckinghamshire donde vivía, cerca de Great Missenden, satisfacía de sobra sus gustos. Tenía dos acebos en el jardín y un pozo en cuyas oscuras profundidades veía su propia silueta recortada contra el azul cielo invernal. Estaba situada en un carril y a su espalda se extendían largos campos que ascendían hasta una colina en cuya cima había un hayedo cuadrangular. A medio camino en la falda de la colina se levantaba otra casa, grande, nueva y roja: Monkswell. La señorita Harting solía contemplarla y decirse satisfecha: «Me siento como el jardinero de Monkswell. Me han dicho que este era su cottage».

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