Ficha técnica

Título: Nat Tate 1928-1960. El enigma de un artista americano |Autor:  William Boyd | Editorial: Malpaso | Páginas: 89 | Formato: Tapa dura |Tamaño: 12x21cm | ISBN 978-84-15996-44-6 | Precio: 14,50 euros

¡Nat Tate 1928-1960. El enigma de un artista americano

MALPASO

Nathwell Tate, gran pintor abstracto y desventurado, se arrojó a las aguas neoyorquinas en enero de 1960. Nunca se halló su cadáver y a duras penas se hallarían dieciocho briznas de su trabajo, pues él mismo se había encargado de destruirlo poco antes de morir. Muchos años después, David Bowie, Gore Vidal, William Boyd y John Richardson convocaron una fiesta de homenaje en el loft de Jeff Koons. Allí se leyeron fragmentos de este libro a la élite cultural de Manhattan, la cual, según las crónicas, recordaba vagamente al malogrado artista, apreció el formidable mérito de sus obras residuales y se sintió muy impresionada por su trágico destino. 

«La ficción y la realidad se fundieron inexorablemente. Tate ya no me necesita; ahora vuela a su aire. ¡Nat vive!», exclamó William Boyd tras la publicación de este sutilísimo ensayo biográfico.  

«El conmovedor retrato de un artista demasiado bien comprendido por su tiempo.» Gore Vidal 

«La gran congoja de una monografía tan serena y turbadora es que el miedo más lacerante del artista (que Dios haga de ti un creador, pero mediocre) no puede aplicarse retroactivamente a Nat Tate.» David Bowie 

«La indiferencia de los entendidos, los creadores de gustos, es, al final, lo más significativo de un proyecto que delata la habilidad de esos individuos para tratar como real lo que les plazca y para negar la realidad desviando sus miradas a placer.» Macy Halford, The New Yorker

«¿Ridículo o sublime? La astucia de Boyd consistió en eludir la condena descarada para batir al arte moderno en su propio juego. Al fin y al cabo, las identidades ficticias protagonizan la vida artística desde que Marcel Duchamp se convirtió en Rrose Sélavy.» Jonathan Jones, The Guardian

PÁGINAS DEL LIBRO

Todavía no sé lo que me impulsó a subir las escaleras de la galería que Alice Singer tiene en la calle 57 de Nueva York. Fue en junio de 1997. La exposición se titulaba Un aire abarrotado: el dibujo americano, 1900-1990 y parecía desmesuradamente ambiciosa para un espacio tan pequeño. Además, las noticias que sobre ella había leído en el Times y el New Yorker prefiguraban con displicencia mis prejuicios naturales. Caía la tarde, tenía calor, estaba cansado y vagaba ante docenas de dibujos y esbozos anodinos (un Feininger, un zapato de Warhol, un garabato de Twombly me llamaron la atención) cuando algo que nunca hubiera esperado me dejó atónito. Era un dibujo de 30 x 45 centímetros, en tinta, técnica mixta y collage: Puente n.º 122. No me hizo falta leer la cartela para saber que era de Nat Tate.

     No estaba fechado, pero sabía que debía ser de los primeros cincuenta, una pieza de su en otro tiempo legendaria (aunque hoy totalmente olvidada) serie de dibujos inspirada en El puente, el gran poema de Hart Crane. Todos los dibujos de la secuencia (y se decía que  constaba de unos doscientos) eran de formato parecido: arriba se veía la representación de un puente audazmente estilizada (a veces una maraña de vigas, a veces un simple arco) y abajo, ocupando dos tercios o la mitad de la superficie, se acumulaba un amasijo de desperdicios: puñaladas de tinta o tachones furiosos, ocasionales imágenes semifigurativas (unas veces obscenamente parecidas a grafitis, otras dibujados con pericia y cuidado), letreros o caracteres encolados, ilustraciones arrancadas de revistas o collages diestramente yuxtapuestos en un estilo que recuerda al de Kurt Schwitters.

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