Ficha técnica

Título: Nahui versus Alt | Autor: Alain-Paul Mallard | Editorial: Turner | Colección:  El Cuarto de las Maravillas |  Páginas 232 | Formato: 15 x 23 cm  |  Encuadernación: Rústica con solapas   | ISBN:  978-607-7711-09-4  | Precio: 16,90 euros

Nahui versus Alt

TURNER

Una historia de amor, sí, pero no una más, ni tampoco una al uso. El encuentro de Gerardo Murillo, pintor de la insurgencia, y Carmen Mondragón, hija de un general contrarrevolucionario, da lugar a una de las historias más explosivas de la modernidad mexicana. Murillo, es decir, Dr. Atl, nombre con el que se le conocería como precursor de la escuela muralista, y Mondragón, convertida en Nahui Olin, musa y pintora, poeta y fingidora, encarnación de la mujer deseante, belleza rebelde que nunca se plegó a nada, fueron auténticos gracias a las máscaras. Su amor, un ejercicio de equilibristas entre la idolatría y la venganza.

Alain-Paul Mallard leyó «todo, y más» -son interminables los pliegos que sobre Nahui y Atl pueden encontrarse- para escribir lo que primero fue guión cinematográfico, luego novela y, en el camino, estudio superlativo del México postrevolucionario. La pintura visionaria del Dr. Atl y la escritura libre de Nahui Olin se recogen aquí, como la volcánica pasión entre ambos, en una materialidad de imágenes y escenas que aspiran a borrar todo obstáculo retórico para presentarse al lector.

Mallard es un escritor que se prodiga poco, y la exigencia de este texto se explica a sí misma como obra escandida con cuentagotas. Novela pasional situada en un punto de inflexión para el devenir del país, funciona también -sin ánimo de instrumentalizarla- como posible explicación de los mecanismos ocultos de la historia, «esa corruptora de menores» de la que nadie sale indemne.

 

1

Herbolaria

Frascos turbios y maltrechos cajones de yerbas medicinales, raíces retorcidas, semillas de colores.

       Desde un radiecito de pilas crepita, bajito, algún éxito musical de 1965.

     En un abigarrado y polvoso puesto de herbolaria, de amuletos, un anciano sombrío despacha casi sepulto entre peroles colgantes, ristras tornasoladas de chupamirtos, de estrellas y caballitos de mar, tiesos peces diablo, coronas de ajos, abalorios, sábilas secas, grandes velas coloridas, cuernos de carnero.

     Las morenas manos del yerbero vierten polvos y trozos de corteza en un cucurucho de papel de estraza. En otro. Los dobla.

     A cambio de un billete grisáceo y arrugado, los cucuruchos pasan a unas manos femeninas salpicadas de manchas de vejez.

     -Gracias, patrona. Con los filtros ya sabe: lo que más cuenta es la fe.

     Las manos, de vistosos anillos y largas uñas de barniz descascarado, echan los paquetes a un gastado bolso, profundo e informe, bordado de pedrería.

     Una silueta cansada se pone en marcha y se aleja en contraluz, regordeta, por el estrecho pasillo del mercado. 

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