Ficha técnica

Título: Nada | Autor: Blake Butler |  Traducción: Rubén Martín Giráldez | Editorial: Alpha Decay| Colección:  Héroes Modernos | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92837-51-9 | Páginas: 384| Formato:  20,5 x 12,5 cm.| PVP: 28,00 € | Publicación: 8 de octubre de 2012

Nada

ALPHA DECAY

Ensayo, novela, memoria o ejercicio grafómano de ansiedad; en su primer libro de no ficción, Blake Butler levanta un acta y reflexiona con agónico detenimiento sobre los orígenes, procesos y efectos del insomnio en su propia persona. Un trabajo de inmersión en los oscuros abismos de la vigilia nocturna que ha supuesto una auténtica revelación para la crítica y los lectores estadounidenses.

Las dos últimas novelas de Blake Butler han sido comparadas con House of Leaves de Mark Z. Danielewski (de próxima aparición en Alpha Decay) y la atmósfera del cine de David Lynch.

«Si existe un escritor más rigurosamente genial y fascinante que Blake Butler… en fin, eso no me parece posible.» DENNIS COOPER

«Leer Nada. Retrato de un insomne conlleva poner en marcha la noción «Blake Butler» como si fuese una suerte de software ejecutable en el hardware de nuestra mente. Éste es el principal atractivo de la escritura en primera persona, sea novela o autobiografía: la ilusión de un acceso sin intermediarios al cerebro de otro.» ANDER MONSON, The New York Times

«A diferencia de Danielewski, que utiliza el pretexto de la casa para expandir su ámbito narrativo al exterior sociocultural, Blake Butler, como Beckett, Blanchot o Kafka, inventa un universo con leyes propias, tan imposible de «interpretar» como los sueños, tan imprescindible como el hecho mismo de soñar.» GERMÁN SIERRA, 330ml

«Nada es infinitamente sorprendente, extraña, emocionante, desgarradora. Esconde algo parecido a los extensos monólogos internos de Nicholson Baker y los desafíos al género de la no-ficción de William T. Vollman en su amplia exploración del insomnio. Pero Butler es un escritor que debe ser reconocido por sí mismo. Nunca has leído un libro como Nada. Te mantendrá despierto día y noche.» WYATT WILLIAMS, Creative Loafing

«Lírico… un libro de memorias extraño, onírico, que ilustra de manera soberbia el inclemente mundo interior del insomne.» The Kirkus Reviews

«El retrato de la mente sin descanso de Butler infecta al lector sin que se dé cuenta. Si lo que se proponía era mantener despierta a la gente, Butler es un genio.» CAITLIN COLFORD, Paste Magazine

«En medio de su poética, proto-psicodélica, auto-absorbente, Butler cita y sintetiza una vertiginosa variedad de referentes culturales que tratan el mismo fenómeno del sueño (o de su falta): desde David Lynch a Jorge Luis Borges pasando por Pesadilla en Elm Street.» JASON HELLER, AV Club

«Piensa en David Lynch. En los paisajes oníricos donde los pensamientos de Butler se escapan de su control, como si procedieran de un De Quincy afectado por el opio, paseando por una pintura de Dalí o un poema de Antonin Artaud -todo ello encerrado en la casa de infancia de Butler, lugar desde el cual escribe sus novelas-.» GINA WEBB, Access Atlanta

«Las memorias polimórficas del brillantísimo Blake Butler (EE UU, 1979), un tipo que rara vez ha dormido más de cuatro horas seguidas.» JOSÉ ÁNGEL GONZÁLEZ, Calle 20

«Butler goza de un talento narrativo incontestable que en este libro emplea para sumergirse en los oscuros abismos de la vigilia nocturna.» INÉS MARTÍN RODRÍGUEZ, ABC.es

 

EL AGUJERO DENTRO

DEL AGUJERO EN EL AGUJERO

DE LA CASA DENTRO DE LA CASA

 

DIAS

Contra la versión del cielo que presidía mi casa al atardecer de un día cuando tenía doce años soltaron un tropel de globos rosas desde el instituto de al lado. Aproximadamente unas cincuenta siluetas, cada una del tamaño de una cabeza, libres para ascender y escapar dentro del contenido de luz del día hasta terminar aterrizando desinflados por el calor o por un pinchazo, o bien al perder con el envejecimiento su pujanza.Por lo que oí, alguien había introducido un mensaje en el interior de cada globo: entrega caligrafiada y manuscrita en privado por quienquiera que los hubiera inflado en primer lugar. Unos cayeron por el césped de los parques y en las calles que rodeaban el colegio, pero la mayoría siguieron volando – sus cuerpos de látex dejaban una estela en el aire intangible -, perdiendo para siempre la posibilidad de hacerse con un dueño.

Después de buscar un rato en vano, descubrí uno de los globos atrapado entre las ramas más elevadas de un pino en el jardín de nuestros vecinos, aunque estaba demasiado alto como para trepar o alcanzarlo tirándole un palo. Al parecer, nadie más lo había visto.

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