Ficha técnica

Título: Musashino | Autor: Doppo Kunikida | Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés |
Prólogo: James Cahill | Ilustración: Dadu Shin | Editorial: Ardicia  | Páginas: 168 | ISBN: 978-84-942916-5-4 | Precio: 16,90 euros

Musashino

ARDICIA

La legendaria llanura de Musashino sirve de escenario a esta colección de historias en las que el japonés Doppo Kunikida confronta los misterios de la naturaleza con los de la condición humana, al tiempo que elabora una conmovedora defensa de la vida sencilla y del camino que nos lleva a perseguir su esencia y sus valores fundamentales. Musashino es una preciosa invitación a la necesidad de alcanzar un equilibrio entre todo cuanto nos rodea y nuestra propia experiencia individual.

De trasfondo más o menos autobiográfico, los relatos de Kunikida, uno de los principales cultivadores de la literatura naturalista nipona, están habitados por personajes solitarios a quienes el efecto consolador del paisaje, la magia de un encuentro casual o una vivencia compartida hacen trascender definitivamente su condición, iluminando para siempre su memoria.

«Aquí la Naturaleza se transforma por entero para adoptar cualidades humanas: heroísmo, magnificencia y sublimidad.» Natsume Soseki 

MUSASHINO

I

«Los últimos vestigios de Musashino se encuentran en nuestros días en el distrito de Iruma». Leí esta afirmación en un mapa de principios del siglo XIX, que describía Iruma de la siguiente manera:

«El undécimo día del quinto mes del año 1333, los Taira y los Minamoto batallaron durante una larga jornada, en sucesivas escaramuzas, cerca del río Kume, en Kotesashihara. Al ocaso, el clan Taira se retiró seis millas para tomar posiciones junto a la orilla del río. A la mañana siguiente, el clan Minamoto avanzó con éxito hasta desbaratar las defensas del enemigo». 

Con la idea en mente de que aquel campo de batalla podría ser una de las escasas reliquias de la antigua Musashino que había logrado sobrevivir hasta nuestros días, pensé en dirigirme allí, si bien al mismo tiempo albergaba cierta preocupación por lo que pudiera encontrarme al llegar. Fue hace más o menos un año cuando concebí el proyecto de partir para conocer de primera mano lo que había subsistido. A medida que pasaban los días, el deseo se hacía cada vez más fuerte. ¿Me sería dado satisfacerlo? No digo que fuera imposible, pero en ningún caso iba a resultar fácil. El deseo de ver con mis propios ojos lo que quedaba de Musashino, tantas veces visualizada a través de cuadros y poemas, no era algo exclusivamente mío. Aunque confieso que tenía mucho interés por la Musashino actual, sospecho que habrá muchos otros a quienes les suceda como a mí.

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