Ficha técnica

Título: Musas, mecenas y amantes. Mujeres entorno al surrealismo | Autora: Victoria Combalia | Editorial: Elba | Colección: Elba | ISBN: 978-84-943666-8-0 | Formato: 12,5 x 20 cm | Páginas: 168 | Fecha: 2016 | Precio: 21 euros

Musas, mecenas y amantes

ELBA

¿Qué tienen en común estas seis mujeres, aparte de haber vivido en un mundo y una época extraordinarios? ¿Qué hay detrás de la imagen sofisticada de Nancy Cunard, del gesto alocado y provocador de Kiki de Montparnasse o de la mirada penetrante de Joyce Mansour?

Se las conoce más como acompañantes de los protagonistas masculinos de su tiempo -Man Ray, Max Ernst, Samuel Beckett, André Breton, T.S. Eliot o Jean Cocteau, entre otros- que por sus propias obras. Sin embargo, fueron mucho más que un nombre en un pie de foto o una cara hermosa que adornaba las fiestas y los salones literarios.

Alentaron y promocionaron a escritores aún desconocidos, impulsaron la obra de artistas emergentes, algunas eran escritoras y pintoras por derecho propio y las que tenían fortuna la gastaron en financiar la obra de sus amantes, amigos y protegidos.

Todas ellas fueron musas a la manera clásica, inspiradoras de artistas y escritores, pero fueron también las primeras musas de la modernidad debido a su papel activo y relevante en el movimiento surrealista, uno de los puntos de inflexión en la historia del arte del siglo XX.

El relato de sus vidas, apasionadas y apasionantes, que aspiraban a ser obras de arte en sí mismas, nos transporta a un mundo insólito cuyo epicentro era la creación artística.

 

 

Musas por derecho propio

Quisiera empezar por una pequeña provocación: no hagan caso del título, es bonito y pegadizo, pero este libro quiere ser algo menos y algo más de lo que éste anuncia. Algo menos porque sería inabarcable hablar de todas las musas, mecenas y amantes a lo largo de la historia. De ahí el subtítulo, que las limita a las que tuvieron un papel relevante en el movimiento surrealista, de las que no están todas, sino solo seis.

Y algo más porque las seis mujeres escogidas superaron con creces su papel de musas, mecenas  o amantes. El concepto de musa, además, ha sido puesto en cuestión por las feministas debido a la pasividad que se les  presuponía. Las musas, en su definición canónica, son las figuras femeninas que inspiran a artistas, escritores y creadores en general y tienen su origen en la mitología griega, como seres intermediarios entre los artistas y los dioses. Eran Calíope, musa de la belleza y de la poesía; Clío, de la historia; Erato, de la poesía amorosa; Euterpe, de la música; Melpómene, de la tragedia; Polimnia, de los cantos sagrados; Talía, de la comedia; Terpsícore, de la danza; Urania, de la astronomía y de las ciencias exactas. La musa  llegaba a ser sinónimo de inspiración y podía llegar a ser invocada al principio o a lo largo de un poema: «Canta, oh Musa, la cólera del pélida Aquiles, hijo del rey Peleo y de la nereida Tetis», escribió Homero en La Ilíada, y también «Decidme ahora, Musas, dueñas de olímpicas moradas, pues vosotras sois diosas, estáis presentes y lo sabéis todo (…)».

A lo largo de los siglos hubo musas «reales» muy célebres, como  Beatriz para Dante, Laura para Petrarca, Jeanne Duval para Baudelaire.  Se creía que estas musas vehiculaban, por así decirlo, el soplo creador al artista a través de su belleza o su personalidad. Eran su inspiración. Ello se correspondía a unos siglos en que el papel de la mujer en las artes era muy reducido, en que los hombres detentaban el poder creador, haciendo del otro sexo uno de sus grandes temas. De hecho, no hay un equivalente masculino para la palabra «musa», no sólo porque el vocablo fue acuñado por los hombres sino seguramente porque, imaginando un poco, las mujeres creadoras ya tenían suficiente tarea con poder expresarse y con asumir su rol activo. Cabría decir, respecto a la idealización de la figura masculina, que el equivalente a la de la musa sería la del héroe, pero a un héroe no se le invoca como a una musa.

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