Ficha técnica

Título: Mujer bajando una escalera | Autor: Bernhard Schlink | Traducción: Txaro Santoro | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 248 | Fecha: may/2016 | ISBN 978-84-339-7954-4 | Precio: 19,90 euros | Ebook: 12,99 euros

Mujer bajando una escalera

ANAGRAMA

Una mujer baja una escalera. La mujer está desnuda, su cuerpo es pálido, el vello del pubis y la cabellera son rubios. Frente al fondo gris verdoso de una escalera y unas paredes difusas, se presenta ante el observador con una levedad en suspenso. Al mismo tiempo, con sus piernas largas, sus caderas redondeadas y plenas y sus firmes pechos, posee una gravidez sensual. Ésa es la figura que aparece en un cuadro del cotizadísimo pintor Karl Schwind.

El protagonista y narrador de esta novela lo contempla fascinado en un museo. La fascinación tiene un doble origen: la obra llevaba décadas desaparecida, y además formó parte de la vida de quien nos cuenta la historia. Es un lienzo que conecta el presente con el pasado, cuando él era un joven e ingenuo abogado y le asignaron un caso que nadie en el bufete quería llevar. Un caso cuyo centro era ese cuadro. Estaba deteriorado, dañado, y había una disputa entre el propietario -el millonario Peter Gundlach-, el pintor y la mujer retratada -Irene Gundlach, la joven esposa del millonario-.Y el inexperto abogado se vio envuelto en esa historia triangular en la que no fue un mero testigo…

Con su prodigiosa capacidad para narrar de un modo sencillo y ágil lo complejo, para penetrar con sutileza en los recodos más secretos del alma humana, Bernhard Schlink nos regala una novela sutil y prodigiosa que habla del amor, el arte, el engaño, la obsesión, la posesión y la pérdida, el dolor, el peso de los recuerdos y las oportunidades perdidas. De las pasiones y ardides alrededor de un valioso cuadro que representa a una mujer desnuda bajando una escalera.

«Una novela narrada con una impresionante fluidez que nos habla de derechos y ética, de grandes emociones y amargos desencantos» (Südostschweiz).

«Arranca como un thriller de ritmo impecable con una historia de amor. Después se transforma en una pieza íntima, melancólica y emocionante sobre el amor y la muerte» (Nordwestschweiz).

«Una novela fascinante sobre lo que sucede cuando nuestra vida se sale del camino previsto» (Hannoversche Allgemeine Zeitung).

«Una prosa impecable y sencilla. Bernhard Schlink es un maestro del idioma. Su prosa es inteligible, transparente e inteligente. Sin aparente esfuerzo, es capaz de crear un repertorio de personajes complejos, tramas enrevesadas y dilemas morales» (Eckhard Fuhr, Die Welt).

«El novelista ha logrado construir un auténtico thriller con sutiles observaciones sobre el arte y la política contemporáneos, sobre el débito y el crédito de la aritmética de las relaciones sentimentales y sobre las complejas conexiones entre el Eros y el deseo de posesión» (Weser-Kurier).

«Una novela sutil y amena, una trama inteligentemente construida, casi un thriller, pero también un relato moral» (Augsburger Allgemeine).

«Una novela apasionante y psicológicamente bien construida» (Peter Mohr, Aargauer Zeitung).

 

Primera Parte

1

Tal vez vea usted el cuadro algún día. Desaparecido durante mucho tiempo, ha vuelto a aparecer de pronto… Todos los museos querrán exhibirlo. En estos momentos Karl Schwind es el pintor más famoso y más cotizado del mundo. Cuando cumplió setenta años apareció en todos los periódicos y en todos los canales de televisión; aunque tuve que mirarlo un buen rato hasta reconocer en aquel hombre mayor al joven que fue.

El cuadro lo reconocí de inmediato. Entré en la última sala de la Art Gallery y allí estaba colgado, y me conmovió tanto como entonces, cuando entré en el salón de la Mansión Gundlach y lo vi por primera vez.

Una mujer baja una escalera. El pie derecho se apoya en el último escalón, el izquierdo aún toca el escalón superior, pero ya se prepara a dar el siguiente paso. La mujer está desnuda, su cuerpo es pálido, el vello del pubis y el cabello son rubios y el cabello brilla al resplandor de una luz. Desnuda, pálida, rubia… Ante el fondo gris verdoso de una escalera y unas paredes difusas, se presenta al observador con una levedad en suspenso. Al mismo tiempo, con sus piernas largas, sus caderas redondeadas y plenas y sus firmes pechos tiene un peso sensual.

Me acerqué al cuadro despacio. Estaba turbado, igual que entonces. En aquel entonces me sentí turbado porque la mujer que había estado sentada frente a mí en mi despacho el día anterior, con unos vaqueros, un top y una chaqueta, aparecía desnuda en el cuadro. Ahora estaba turbado porque el cuadro me recordaba lo que entonces había sucedido, en lo que entonces me había metido y lo que, acto seguido, había borrado de mi memoria.

Mujer bajando una escalera, decía un cartel al lado del cuadro, y también que se trataba de un préstamo. Encontré al conservador del museo y le pregunté quién se lo había prestado a la Art Gallery. Me dijo que no podía darme el nombre. Le dije que conocía a la mujer del cuadro y al propietario, y que le podía vaticinar que habría disputas sobre su propiedad. Frunció el ceño, pero insistió en que no podía darme el nombre.

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