Ficha técnica

Título: Muerte de un hombre feliz | Autor: Giorgio Fontana | Traducido: Pepa Linares | Editorial: Libros del Asteroide | Páginas: 264 | Dimensiones: 12,5 x 20 cm. | ISBN: 9788416213672 | Fecha: mayo 2016 | Precio: 19,95 euros | Premio Campiello 2014

Muerte de un hombre feliz

LIBROS DEL ASTEROIDE

Milán, verano de 1981, estamos en la época más dura de los años de plomo. Giacomo Colnaghi es un fiscal que investiga el asesinato de un político democristiano a manos de un grupo terrorista de izquierda. De origen humilde -es hijo de un partisano muerto durante la guerra-, está convencido de que su exitosa carrera es la prueba de que la italiana es una sociedad abierta y justa. Casado y con hijos, hombre de pocos aunque buenos amigos, lleva una vida tranquila y solitaria.

Mientras la investigación criminal sigue su curso, Giacomo tratará de comprender también las razones más profundas de la violencia que está señoreando el país. A medida que se estrecha el cerco sobre los culpables aumenta en él la necesidad de analizar al otro, al asesino, de poder reconciliar la justicia que tiene que administrar con la piedad que siente. Las revelaciones del caso avanzan paralelas a la historia de su padre, quien, como Colnaghi, trató también de buscar la verdad.

La cuarta novela de Giorgio Fontana, galardonada con el premio Campiello 2014, nos habla con profunda humanidad sobre la justicia y sus límites y sobre la evolución de Italia y su gente tras la segunda guerra mundial.

«Una novela lúcida y bellísima que todavía nos faltaba y que yo estaba esperando. A través de la historia del magistrado Colnaghi y su mirada y su soledad, consigue penetrar en la vida cotidiana de la época del terrorismo. Que este libro delicado, inteligente y doloroso haya sido escrito por un narrador nacido el mismo año en el que transcurre el libro es para mí motivo de consuelo. Y de esperanza.» Benedetta Tobagi (La Repubblica)

«Tiene mucho del mejor Sciascia. Fontana mezcla con inteligencia y sensibilidad escénica diversos planos: el thriller judicial, el análisis de costumbres, la indagación psicológica y la polémica civil.» Giovanni Pacchiano (Il Fatto Quotidiano)

«Muerte de un hombre feliz es el más punzante bisturí novelístico de la opacidad, la complicidad social y el crimen organizado de la Italia apocalíptica de los años de plomo. No es solo una novela policíaca, sino también una provocativa meditación sobre nosotros mismos.» Antonio Bordón (La Provincia)

«Muerte de un hombre feliz, de Giorgio Fontana, es una novela emocionante y valiente. […] Una obra, en definitiva, de obligada lectura por sus valores no solo literarios, y que, por razones que no hará falta mencionar, resonará con fuerza en el oído, pero también en el corazón, de los lectores de un país como el nuestro, cuyos años de plomo todavía no han sido novelados con la atención debida.» Ricardo Menéndez Salmón (El Sábado – El Faro de Vigo)

 

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Así que querían venganza. Colnaghi asintió un par de veces para sus adentros como si quisiera reunir ideas que no tenía o que aún eran demasiado confusas; luego apoyó las manos en la mesa y miró de nuevo al chaval que había hablado.

      En el aula prestada por la escuela de primaria del barrio reinaba el silencio: manchas de sudor en las axilas, aspas del ventilador que giraban lentas… Todos esperaban una respuesta suya, la enésima buena palabra.

       Los parientes y los amigos de la víctima sumaban una treintena. Vissani había sido cirujano y un conocido exponente del ala más derechista de la Democracia Cristiana milanesa: cincuenta y dos años, rubio ceniza, entrado en carnes. La fotografía colocada al pie de la mesa del profesor estaba rodeada de ramos de flores.

       Es posible que Colnaghi lo hubiera visto una o dos veces durante los años anteriores; algo suyo había leído en el Corriere, tal vez algún artículo de fondo en las páginas locales, debido a la posición que Vissani estaba conquistando dentro del partido. A Colnaghi aquella Democracia Cristiana no le gustaba, pero quién sabe, puede que hasta se hubieran estrechado la mano tiempo atrás, presentados por un colega con ganas de hacer carrera; quizás una tarde de mediados de mayo, cuando Milán está surcado de golondrinas y la luz tiene un color inaprensible. Tal vez los dos eran felices en aquel momento y hasta puede que Vissani se riera de un chiste de Colnaghi dándose una palmada en la rodilla, y que, con idéntica rapidez, el médico estropeara el buen humor del magistrado con una salida poco feliz, una de las muchas que él había tenido ocasión de leer en la carpeta del sumario… Algo desagradable sobre los jóvenes o sobre la necesidad de que el gobierno aplicara mano dura.

     Sea como sea, luego ocurrió lo siguiente: mataron a ese tío vulgar, odioso e inocente el 9 de enero de 1981, avanzada la tarde, por la zona de la plaza Diaz. Dos proyectiles del calibre 38 SPL. Seis meses antes. Homicidio reivindicado por la Formación Proletaria de Combate, una célula escindida de las Brigadas Rojas. Caso todavía abierto y asignado al fiscal sustituto Colnaghi.  

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