Ficha técnica

Título: Mr Gwyn | Autor: Alessandro Baricco | Traducción: Xavier González Rovira  Editorial: Anagrama | Colección: Panoramas de narrativas | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7849-3 | Nº páginas: 184 | Precio: 16,90 euros | Primera ed.: noviembre 2012 |

Mr Gwyn

ANAGRAMA

Jasper Gwyn es un escritor. Vive en Londres y, verosímilmente, es un hombre que ama la vida. De repente, tiene ganas de parar. Tal vez de parar de escribir, aunque la suya no es la crisis que aflige a los escritores sin inspiración. Jasper Gwyn parece querer cambiar de perspectiva, llegar hasta el meollo de cierta magia.

Le sirve de apoyo, de cómplice, de asistente, una muchacha que va recogiendo, con rabiosa devoción, lo que progresivamente va siendo el misterio de Mr Gwyn.

Alessandro Baricco entra en las simetrías secretas de este misterio con el paso seguro y resuelto de quien conoce y ama los senderos que recorre. Mueve dos formidables personajes que hacia la mitad de la novela se pasan el testigo, y si a Mr Gwyn le toca barajar las cartas del misterio, la muchacha tiene la tarea de recomponer la secuencia para llegar a una audaz y luminosa evidencia.

«Antes de leer la novela, sabiendo que narraba la historia de un escritor que decidía no seguir escribiendo, estábamos preocupados, pero de inmediato nos tranquilizamos pensando que si Baricco explicaba esa historia era para alejar de sí la posibilidad de caer en la misma tentación: anticipándose a ella, la desarmaba. Leyéndola, nos hemos dado cuenta de que no nos habíamos equivocado. Ahora, más tranquilos, sabemos que Baricco seguirá escribiendo nuevas novelas y nosotros leyéndolas» (Angelo Guglielmi, La Stampa).

«Hay una sutil revolución en el instinto narrativo de Alessandro Baricco que se verifica en su nueva novela y que se fundamenta en algo implícito: cada uno puede elegir su propia existencia. El atrevimiento de Baricco es haber escrito un libro sobre la posibilidad de desaparecer con el objetivo de reencontrarse» (Marco Missiroli, Corriere della Sera).

«Lo que al principio parece el trillado cliché del personaje en busca de autor (un escritor en la cima del éxito que decide desaparecer de la escena pública, un agente literario seguro de convencerlo de que regrese) se convierte poco a poco, casi de forma solapada, en un thriller poético. Con un ritmo relajado que se mantiene durante cerca de dos tercios y que de repente se acelera. En fin, que la historia apasiona, a uno le gustaría pasar páginas para ver qué ocurre. El ritmo de la narración está meticulosamente controlado por su artífice, maestro de los detalles y de las elipsis. No sobra ni una palabra» (Panorama). 

«Reflexión sobre el poder de la escritura, sobre el idioma del silencio y de la desnudez (afrontada sin sombra alguna de morbosidad fácil), sobre lo imprevisible de las relaciones. Esperemos que Baricco no se sume al punto 52 de la lista que cierto colega suyo publicó en el Guardian» (Pierluigi Vito, La compagnia del libro).

«Un himno a la escritura como vocación contrapuesta a la escritura como profesión, para reafirmar que su centro de atención no deben ser las clasificaciones de ventas, sino el lector, todos y cada uno de los lectores, cada uno con su maravilloso mundo para ser representado, porque «no somos personajes, sino historias»» (Sergio Palumbo).

 

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Mientras caminaba por Regent’s Park -a lo largo de un paseo que, de entre muchos, elegía siempre-, Jasper Gwyn tuvo de pronto la límpida sensación de que todo lo que hacía cada día para ganarse la vida había dejado de ser adecuado para él. Ya le había asaltado en otras ocasiones este pensamiento, pero nunca con semejante nitidez y tanta gracia.

     De manera que, de vuelta en casa, se puso a escribir un artículo que luego imprimió, metió en un sobre y llevó en persona, atravesando toda la ciudad, hasta la redacción del Guardian. Allí lo conocían. Colaboraba con ellos esporádicamente. Preguntó si sería posible esperar una semana antes de publicarlo.

     El artículo consistía en una lista de cincuenta y dos cosas que Jasper Gwyn se comprometía a no volver a hacer nunca más. La primera era escribir artículos para el Guardian. La decimotercera era asistir a encuentros con grupos de alumnos aparentando seguridad en sí mismo. La trigésima primera, dejar que le hicieran fotografías con la mano en la barbilla, pensativo. La cuadragésima séptima, esforzarse por ser cordial con colegas que en realidad lo despreciaban. La última era escribir libros. En cierto modo cerraba así la vaga rendija que podía haber dejado la penúltima: publicar libros.

     Hay que decir que en ese momento Jasper Gwyn era un escritor bastante de moda en Inglaterra y discretamente conocido en el extranjero. Había comenzado doce años antes con una novela de intriga ambientada en el campo galés durante la época del thatcherismo: un caso de desapariciones misteriosas. Tres años después publicó una novela breve que narraba la historia de dos hermanas que se empeñaban en no volver a verse: durante un centenar de páginas intentaban hacer realidad su modesto deseo, sin embargo el asunto resultaba imposible. La novela terminaba con una magistral escena en un muelle, en invierno. Aparte de un pequeño ensayo sobre Chesterton y dos relatos publicados en sendas recopilaciones colectivas, la obra de Jasper Gwyn se cerraba con una tercera novela, de quinientas páginas. Era la serena confesión de un viejo tirador de esgrima olímpico, ex capitán de marina, ex presentador de programas radiofónicos de variedades. Estaba escrito en primera persona y se titulaba Sin luces. Empezaba con esta frase: «A menudo he reflexionado sobre la siembra y la cosecha.»

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