Ficha técnica

Título: Morrissey. Autobiografía | Autor: Morrissey |  Traducción: Rubén Martín Giraldez   | Editorial: Malpaso Páginas 467 | Formato: 14 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 26 euros |  Fecha: octubre 2016 | ebook: 10,99 euros

Morrissey

MALPASO

El debut de Morrissey como cantante de los Smiths, a mediados de los ochenta, supuso el descubrimiento de una nueva estrella en el firmamento musical del Reino Unido. Los Smiths destacaban por su originalidad y por la guitarra de Johnny Marr; pero, especialmente, por todo lo que Morrissey transmitía con su actitud, su voz y sus letras. Antes de esa eclosión Morrissey no era más que un joven desempleado, enamorado de la poesía y sin demasiadas expectativas de salir de su Manchester natal. En su Autobiografía, Morrissey nos cuenta su infancia desgraciada, su adolescencia marcada por colegios donde la ley la dictan la vara y la correa, su juventud sin rumbo y el descubrimiento, agridulce, de la música como vía de escape y, al mismo tiempo, como actividad atribulada. Morrissey ha alcanzado la categoría de icono pop de su generación, una consideración que, como él mismo se encarga de constatar, está lejos de ser una bicoca. Las discográficas le han engañado. Sus compañeros le han estafado. Los medios le han difamado. Algunos de sus amigos le han abandonado. Su infancia y adolescencia dickensianas en una Manchester gris, sucia y miserable no han sido más que el anticipo de todo lo que vendría después. Ahora, cuando Morrissey ha sido elegido como el segundo mayor icono británico por los espectadores de la BBC, cuando sus álbumes alcanzan sistemáticamente los primeros puestos en las listas de todo elmundo, cuando artistas como David Bowie, Nancy Sinatra, Marianne Faithfull, Chrissie Hynde o My Chemical Romance interpretan sus canciones… Ahora Morrissey declara que para él no hay nada más importante que la lucha por los derechos de los animales, la poesía y su intimidad.  

«Prácticamente cada párrafo tiene un par de líneas que merecerían ser leídas en voz alta frente a un espejo, que nos las tatuáramos en la frente o las grabáramos en una lápida.»Rob Sheffield, Rolling Stone.  

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Mi infancia es una calle y otra calle y otra calle y otra calle. Calles que te definen y calles que te confinan; ni rastro de carretera, autovía o autopista alguna. Más allá se esconde el bálsamo de la campiña para los días sin horas en que amainan tormentas y tormentos y nos dan la oportunidad de andar entre quienes viven rodeados de espacio y ven nuestra aparición como un suplicio. Hasta ese momento, vivimos en el desamparado y apuñalador Mánchester victoriano, donde todo está dondequiera que lo dejasen caer hace cien años. Las calles seguras están ligeramente iluminadas, las otras sin alumbrado, pero ambas representan un peligro que te habrás buscado tú solito si rondas por ahí cuando se echen las cortinas a la hora del té. Caminamos por el centro de la calle dejando atrás lugares pavorosos, levantando la vista para mirar el papel pintado de tonos negros parduzcos y morados hecho jirones, triste vestigio de casas deshabitadas, sustituida ahora su seguridad por la inquietud. Los chavales del barrio saquean viviendas vacías, y yo, pequeño y con los ojos como platos, voy con ellos, hago equilibrios sobre travesaños que quedan a la vista y correteo por sótanos húmedos y negros, cavidades subterráneas donde el asesinato, el sexo y la autodestrucción rezuman por grietas de piedras sacadas de nuestro campo y paredes de ladrillos vacilantes tras las que algunos bebés abortados encontraron una pacífica muerte en lugar de una vida cruel. Tras demolerlas a medias, el ayuntamiento deja que las casas se acaben de desmoronar lentamente por su cuenta y se conviertan en pequeños solares de escombros donde los niños encontrarán metros y metros de nuevas emociones sin alumbrado. Los campos son lugares que  salen en los libros y los libros tienen su lugar en las bibliotecas. Nosotros, sin embargo, estamos aquí fuera, en el ahora, sin freno y sin gobierno porque la generación victoriana de Mánchester, tras vidas y vidas de apuros, ya ha tosido su último estertor y en estos callejones inundados despuntan aquí y allá briznas de hierba de color amarillo verdoso entre los adoquines tan resquebrajados por la presión como quienes los pisan. Aquí, tras las carcasas de tiendas desvencijadas, con ese aroma nauseabundo a excrementos animales ante el que nadie puede hacer otra cosa que taparse la nariz y apretar el paso mientras se aleja. Estos callejones, en su día tan diligentemente barridos, baldeados y frotados hasta la muerte con piedra pómez por los pobres y honrados, hoy no tienen futuro porque ahora éste es su futuro, este instante en el que se agota el tiempo.

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