Ficha técnica

Título: Morir en primavera | Autor: Ralf Rothmann  | Traducido:  Carles Andreu | Editorial: Libros del Asteroide | Páginas: 240 | Dimensiones: 12,5 x 20 cm. | ISBN: 9788416213849 | Fecha: noviembre 2016 | Precio: 19,95 euros | ebook: 11,99 euros

Morir en primavera

LIBROS DEL ASTEROIDE

«En su día, si le preguntaba a mi padre por qué tenía el pelo tan fuerte, él respondía que era por la guerra. Cada día se frotaban el cuero cabelludo con jugo de abedul, no había nada mejor (…) la verdadera respuesta se presentó por sí sola décadas más tarde, cuando me cayeron en las manos unas fotografías de tumbas de soldados y vi que, en el frente, la mayoría de cruces estaban hechas con ramas de abedul joven.»

Rothmann rememora el final de la segunda guerra mundial, en febrero de 1945, cuando el ejército alemán está a punto de sucumbir ante la ofensiva aliada. Los estragos de la guerra son visibles en todo el país. Walter y Friedrich, dos amigos de diecisiete años que trabajan en una vaquería, creen que nunca serán llamados a filas y trazan planes para el futuro. Sin embargo, acabarán siendo reclutados por las tropas nazis y asistirán al caos provocado por la desbandada del ejército alemán.

Aclamada como una de las obras más importantes de la ficción contemporánea alemana, Morir en primavera es una emocionante novela en la que la inocencia y la culpa, la libertad y el destino, la amistad y el deber, son conjurados en un estilo limpio y contenido.

«El autor más significativo de su generación.» Peter Handke

«No hay en la literatura alemana contemporánea nada comparable a este libro.» Andreas Kilb (Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung)

«Un libro que no es solo una buena novela sobre la guerra mundial, sobre el silencio de los padres y el desconcierto que han transmitido a las siguientes generaciones. Es también un triunfo del lenguaje.» Vito Punzi (Avvenire)

«Morir en primavera es, sin duda alguna, una de las obras más importantes y emocionantes de la temporada y, a su vez, una reto moral. Con esta novela queda oficialmente inaugurada la era post-Günther Grass.» Ina Hartwig (Die ZEIT)

«Morir en primavera es la mejor novela en años sobre la guerra alemana, y un profundamente humano, hermoso relato antibélico de validez universal.» Cecilia Dreymüller (El País)

«Ralf Rothmann encontró en Morir en primavera la manera de describir el sufrimiento alemán sin caer en la autocompasión ni olvidarse de la culpa. Una novela extraordinaria.» Luis M. Alonso (La Nueva España)

«Con una prosa exquisita e impregnada de aliento poético frente al paisaje de desolación humana y colectiva. La tragedia de Walter, que disparó solo un tiro, desde un pelotón de fusilamiento, ilustrará los terribles dilemas de unos hombres enfrentados a un destino sin misericordia.» Iñigo Urrutia El Diario Vasco)

 

PÁGINAS DEL LIBRO

      El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad. En su día, si le preguntaba a mi padre por qué tenía el pelo tan fuerte, él respondía que era por la guerra. Cada día se frotaban el cuero cabelludo con jugo de abedul, no había nada mejor; no prevenía los piojos, pero olía bien. A un niño le resulta bastante difícil comprender qué relación puede haber entre el jugo de abedul y la guerra y, no obstante, yo no hacía más preguntas. Sabía que, como sucedía con todo lo relacionado con aquella época, tampoco habría obtenido una respuesta más precisa. Esta se presentó por sí sola décadas más tarde, cuando cayeron en mis manos unas fotografías de tumbas de soldados y vi que, en el frente, la mayoría de cruces estaban hechas con ramas de abedul joven.

      Mi padre rara vez sonreía sin que se le avinagrara el semblante. La expresión de su rostro, dominado por sus pómulos fuertes y sus ojos verdes, transmitía melancolía y cansancio. El pelo rubio oscuro repeinado con crema Brisk, para darle forma, la nuca pulcramente recortada, la barbilla con hoyuelo, siempre bien afeitada, y la distinguida sensualidad de sus labios provocaron, según cuentan algunas historias, el desasosiego de no pocas mujeres. De perfil, su nariz, corta y vagamente respingona, lo hacía parecer más joven de lo que era y, cuando estaba tranquilo, su carácter socarrón y su astuta empatía asomaban en su mirada. Sin embargo, él apenas era consciente de su propio atractivo y, si alguna vez lo hubiera intuido, seguramente no lo habría creído.

     Su constante predisposición a echar una mano despertaba la simpatía de los vecinos, y siempre que se hablaba de él terminaba saliendo la palabra «respetable»; sus colegas de la mina lo llamaban «el hurgador» en tono elogioso y casi nadie se peleaba nunca con él.

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