Ficha técnica

Título: Mis revoluciones | Autor: Hari Kunzru  | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas |  Páginas: 352 |  Fecha de publicación: 11/6/2008 | Género: Novela | Precio: 19.50 € | ISBN: 978-84-204-7398-7 | EAN: 9788420473987

Mis revoluciones

EDITORIAL ALFAGUARA 

¿Qué sucede cuando el pasado revolucionario de un hombre irrumpe en su ordenado presente?

1968. Chris Carver acaba de ser arrestado en una violenta revuelta en Londres. Treinta años después, ha olvidado por qué quería hacer una revolución. El día antes de su cincuenta cumpleaños, su tranquila y acomodada vida va a derrumbarse, pero quizá no importe.

Incisiva y provocadora, Mis revoluciones es una novela sobre la doble identidad, sobre los ideales, deseos y creencias y en qué se transforman con el paso del tiempo. Hari Kunzru vuelve a sorprendernos con un libro que no nos dejará indiferentes.

« Mis revoluciones es un claro recordatorio sobre cómo el pasado insiste en volver al presente. Hari Kunzru escribe con una prosa elegante, clara y limpia, y su presentación de las realidades políticas es preocupantemente real.» JOHN BANVILLE

Extracto

     Fuera, en el jardín, los trabajadores de la empresa que ha venido a instalar la carpa están atornillando un marco de aluminio sobre el césped. Se gritan los unos a los otros y se gastan bromas, arrojándose tornillos y abrazaderas con gestos teatrales a través de la hierba, salpicada de florecillas, que queda bajo el árbol. Es un árbol viejo, más alto que la casa y en otoño sus frutos se revientan cuando caen al suelo. Supongo que deberíamos haberlo cortado. Los hombres parecen felices. A lo mejor es porque trabajan en una constante atmósfera de excitación prefestiva. Puede que el ambiente de celebración haya acabado penetrando dentro de ellos. El secreto de una buena vida: montar carpas.

     Hay más gente ahí fuera. Los del catering, un mensajero… Todos ellos preparando el gran acontecimiento. Miranda ha salido a buscar algo: lazos, o flores, o tarjetitas para indicar el lugar donde debe sentarse cada uno. Por una vez, ha dicho, quería que yo fuera el centro de atención. Sabía que a mí no me iba a parecer bien, pero quería darle a todo el mundo la oportunidad de desearme un feliz cincuenta cumpleaños. A todo el mundo, pienso. ¿A todo el mundo? En realidad son sus amigos, pero sé que lo dijo con la mejor intención. Y al final empecé a aguardar con expectación el día de mi fiesta. Durante mucho tiempo, más de la mitad de mi vida por así decir, he tratado de evitar las reuniones multitudinarias. Se ha convertido en algo instintivo, parte de mi personalidad. Sin embargo, a lo largo de los últimos años he empezado a bajar un poco la guardia. Algo que a mi karma (como diría Miranda, aunque no tenga ningún sentido) no parece haberle sentado muy bien.

     Aparto la vista de la ventana. La visita de Miles ha transmutado mi despacho. Es como si su llegada hubiera colocado la estancia entre paréntesis. El escritorio de roble encenagado de hojas de cálculo e informes, los estantes de libros. Incluso el archivador gris y descascarillado ha adquirido una apariencia más provisional, menos sólida. Tengo la impresión de que los preparativos para la fiesta que se desarrollan en el exterior, y que sin duda alguna ocupan el centro de la mente de Miranda, están ocurriendo en una pantalla de televisión, que son una escena de uno de esos dramas de sobremesa en los que unos acomodados habitantes de barrio residencial experimentan alguna pequeña y tópica conmoción en sus vidas, ya sea un idilio o un asesinato misterioso.

     Los obreros están extendiendo una lona blanca junto al marco de metal. Yo permanezco inmóvil, para no alterar la atmósfera de la habitación, el marco de la vida que he llevado en su interior. Miranda no tardará en volver. ¿Qué le voy a decir? ¿Qué puedo decirle?

     Voces en el recibidor. Pero no son ni de Miranda ni de Sam, no todavía. Abro la puerta del despacho y me encuentro con dos chicos engominados que van cargados con el equipo de música. Me preguntan dónde va y me escucho a mí mismo darles explicaciones, imprimiendo a mi tono de voz una cadencia alegre. Mein Host, el cumpleañero, cuya máscara aún permanece más o menos intacta bajo la presión.

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