Ficha técnica

Título: Mis recuerdos | Autor: Rabindranath Tagore | Traducción de:  Isabel García López | Editorial: Ediciones del viento | Colección:  Viento Simún nº 35 | Páginas: 232 | 16 x 24  | rústica | Género: Ensayo | Precio: 18,50 € | ISBN: 978-84-96964-18-1

Mis recuerdos

EDICIONES DEL VIENTO

El poeta y filósofo indio Rabindranath Tagore fue el primer asiático en recibir el Premio Nobel de Literatura  en 1913, a la edad de cincuenta y dos años. Había nacido en la mansión familiar de Calcuta cuando la India pertenecía al Imperio Británico, y allí había pasado los primeros años de su vida, rodeado de sirvientes y alejado de los adultos. En esta narración, que se publica por primera vez en español, el autor recuerda con voz fresca y a veces crítica o irónica, aquellos primeros años llenos de luz y de algunas sombras, el viaje con su padre -a la edad de trece años- a la cordillera del Himalaya, sus primeros versos, sus frustrados estudios de leyes en Inglaterra, etc. Un texto delicioso que debería ser de lectura obligatoria. 

1. Preámbulo

  No sé quién pintó las imágenes de mi vida impresas en mi memoria. Pero quienquiera que sea, es un artista. No coge su pincel simplemente para reproducir todo lo que sucede, sino que conserva cosas o las descarta según le parece. Convierte lo grande en pequeño y lo pequeño en grande; no tiene reparos en relegar cosas a un segundo plano y al revés. Para abreviar, su tarea es pintar imágenes, no escribir historia. A medida que el flujo de acontecimientos va conformando el exterior de nuestra vida, en nuestro interior se van plasmando una serie de imágenes. Las dos partes guardan una estrecha relación, pero no son idénticas.

  No nos tomamos el tiempo para observar con atención ese lienzo interior. De vez en cuando vislumbramos un fragmento, pero la mayor parte permanece oscura, oculta a nuestros ojos. ¿Por qué pinta el artista sin parar, cuándo completará su trabajo y qué galería está destinada a colgar sus pinturas?, ¿quién lo sabe?

  Hace unos años, alguien me preguntó sobre los acontecimientos de mi pasado y tuve ocasión de explorar esa sala de pinturas. Había pensado que lo dejaría tras seleccionar unos cuantos episodios de mi historia. Pero al abrir la puerta, descubrí que los recuerdos de una vida no son su historia, sino creaciones originales de un artista invisible. La variedad de colores alrededor no son reflejos del mundo exterior, sino que pertenecen al pintor mismo y provienen, teñidos de pasión, de su propio corazón, imposibilitando con ello que lo plasmado en el lienzo pueda ser usado como evidencia ante la Justicia.

  Sin embargo, aunque pueda resultar estéril el intento de reconstruir una historia precisa y lógica a partir del almacén de los recuerdos, resulta fascinante revolver entre las imágenes. Su hechizo se apoderó de mí.

  Mientras hacemos camino, parándonos sólo a descansar en los distintos refugios a la vera de la ruta, no vemos esas imágenes… las cosas nos parecen simplemente útiles, demasiado inmediatas para el recuerdo. Cuando el viajero ya no las necesita y ha llegado a su destino es cuando empiezan a surgir de nuevo. Todas la ciudades, praderas, ríos y colinas que atravesó en la mañana de su vida desfilan por su mente cuando se relaja al anochecer. De esa manera, miré con serenidad hacia atrás y quedé absorto con lo que vi.

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