Ficha técnica

  Titulo: Mientras los mortales duermen | Autor:  Kurt Vonnegut | Traducción: Jesús Gómez Gutiérrez |Colección: Narrativa Sexto Piso |Páginas: 256 págs. | Formato: 15 x 23 cm | ISBN: 978-84-96867-94-9 | P.V.P.: 19,95 € 

Mientras los mortales duermen

Sexto Piso 

Con el estilo sencillo y directo característico de Vonnegut, y acompañados de sus habituales dibujos en tinta, Mientras los mortales duermen es un regalo inesperado para los lectores.

En esta antología de dieciséis piezas inéditas, el reconocido autor de Matadero Cinco vuelve a dejarnos muestras de su carácter incorregible, de su talento incomprendido por buena parte de la crítica de la época. Inteligente, caprichosa y a menudo mordaz, la narrativa de Kurt Vonnegut ha influido a generaciones de escritores y ha creado personajes que oponen sus sueños y temores a un mundo cruel e indiferente, no exento de matices cómicos.
En
Mientras los mortales duermen hay relatos sobre hombres y máquinas, arte y artificio, y sobre cómo los ideales de la fama, la fortuna y el amor toman giros inesperados en la vida ordinaria. Un ambicioso constructor de carreteras, al mando de un ejército de maquinaria pesada, malgasta su tiempo libre con trenes en miniatura; la viuda de un granjero de cerdos recibe extrañas cartas de un hombre sobre «el dulce dolor indefinible del espíritu». Pero, ¿qué encontrará cuando vaya a reunirse con él? Toda una extraña y divertida galería de personajes estrafalarios que desvelan con agudo humor el lado sórdido y profundamente humano del American way of life.
Estas perlas rescatadas del olvido son una prueba excepcional de esa combinación única de observación e imaginación que sólo Vonnegut tenía. Como un regalo dejado por un ser querido fallecido, Mientras los mortales duermen nos concede un obsequio excepcional y brillante de Kurt Vonnegut: una reflexión conmovedora de nuestro mundo tal y como es y como podría ser.

JENNY

George Castrow sólo volvía una vez al año a la sede de la General Household Appliances Company: para instalar su equipo en el armazón del nuevo modelo de frigorífico. Y cada vez que llegaba, echaba una sugerencia en el buzón de sugerencias. Siempre era la misma, «¿Por qué no se fabrica el frigorífico del año que viene con forma de mujer?», y siempre incluía el boceto de un frigorífico con forma como de mujer, con flechas que señalaban dónde iría el cajón de las verduras, el compartimento de la mantequilla, los cubitos de hielo y lo demás.

George lo llamaba el Food-O-Mamma. Todos pensaban que el Food-O-Mamma era una broma monumental porque George se pasaba todo el año en la carretera, bailando, charlando y cantando con un frigorífico con forma de frigorífico que se llamaba Jenny.

George lo había diseñado y fabricado cuando eraun recién llegado al Laboratorio de Investigación de la gha. George estaba poco menos que casado con Jenny. Vivía con ella en la parte trasera de una camioneta que estaba prácticamente llena de sus sesos electrónicos. Tenía un catre, un hornillo, un taburete de tres patas, una mesa y un armario en la parte trasera de la camioneta; y tenía un felpudo que ponía afuera cada vez que aparcaba la camioneta para pasar la noche: Jenny y George, decía. Brillaba en la oscuridad.

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