Ficha técnica

Título: Michel Foucault y el poder | Autor: Gilles Deleuze | Traducción: Javier Palacio Tauste | Editorial: errata naturae | Colección: La muchacha de dos cabezasGénero: Ensayo | Formato: 14 x 21,5 | Páginas: 176 | ISBN: 978-84-15217-66-4 |Precio: 18,00 euros

Michel Foucault y el poder

ERRATA NATURAE

Michel Foucault y Gilles Deleuze se conocieron en 1952: Foucault impartía una conferencia y Deleuze, por entonces profesor de instituto, fue a escucharlo; cenaron juntos con un amigo común y no hablaron mucho. Un encuentro glacial y poco prometedor que, sin embargo, fue el origen de una de las amistades filosóficas más intensas del siglo xx, en virtud de la cual tanto Foucault le prestaba a Deleuze su apartamento en París como ambos discutían hasta la extenuación y, si hacía falta, se retiraban la palabra durante años. No obstante, la profunda y mutua admiración se mantuvo siempre intacta, y tal vez por ello, pocos meses después de la muerte de Foucault, Deleuze decidió rendirle homenaje iniciando unos cursos universitarios sobre su obra. Las clases tuvieron lugar en el Departamento de Filosofía de la Universidad de París 8, que ambos habían creado juntos en 1968, negándose a realizar exámenes y a establecer calificaciones (la universidad les retiró la posibilidad de conceder diplomas, pero a nadie le importó). Mejor contexto imposible, por tanto, para impartir un seminario sobre la teoría del poder de Michel Foucault, inédito hasta la fecha en nuestra lengua, y cuya primera parte presentamos ahora. En él Deleuze expone, analiza, escudriña e interpreta la noción de «poder» propuesta por Foucault, su relación indisociable con la de «saber» y su importancia radical para entender las nuevas teorías y prácticas de lucha y resistencia que se han hecho presentes en nuestro mundo desde finales de los años sesenta, y cuyo ciclo se reactiva en nuestros días.

Igualmente, el lector tiene así, prácticamente, la posibilidad de «asistir» a las clases de uno de los grandes maestros o anti-maestros de la filosofía de este tiempo, viendo el modo en que su pensamiento surge, avanza, relampaguea, en ocasiones se  revuelve e incluso aparentemente se extravía, pero siempre retorna con una lucidez radical que nos recuerda, tal como propuso Foucault, que «tal vez un día el siglo será deleuziano».

PÁGINAS DEL LIBRO

Bien, ahí está el problema. Ya lo vimos a finales del trimestre pasado. Después de hacer aquella especie de esquema del saber según Foucault nos vimos llevados… es decir, no fue porque quisiéramos, no fue por… nos sentimos realmente obligados a considerar un segundo dominio, el del poder. Y debo decir: me parece que lo mismo le sucedió a Foucault. Es decir, que empezó por una epistemología, o intentando elaborar una doctrina del saber, y esta doctrina del saber le llevó literalmente al descubrimiento de un nuevo dominio, el del poder. Claro que lo que queríamos ya entonces era estudiar esa transición por la que se pasa del saber al poder, y procedimos mediante observaciones, cierto, observaciones lo más concretas posible. Y lo que nos proponemos hoy es abordar con mayor atención un texto, porque se trata de un texto misterioso, La arqueología del saber. Bueno, ya saben, a Foucault siempre le supuso un aprieto responder a la pregunta, en el caso de que se la formularan de verdad alguna vez: «Pero a ver, a ver, a ver, ¿puede poner algún ejemplo de enunciado?». Al menos ahora sabemos por qué le suponía un aprieto. Y es porque resulta muy difícil ofrecer un ejemplo de enunciado. En efecto, los enunciados se diferencian de las palabras, de las frases y de las proposiciones, pero al mismo tiempo les son absolutamente inmanentes. No puedo ofrecer un ejemplo de enunciado que se sirva de lo que el enunciado es, a saber, palabras, frases y proposiciones. Por más que se me pida un ejemplo de enunciado, bueno, yo sólo puedo ofrecer una frase o proposición y limitarme a explicar que ese enunciado no ha de confundirse con la propia frase. Pero, puesto que no existe al margen de la frase, me resulta muy complicado proporcionar algún ejemplo. Si alguien le hubiera reiterado su exigencia -¡quiero un ejemplo, quiero un ejemplo de enunciado!-, Foucault le habría respondido como solía hacer, y sobre eso girará nuestra sesión de hoy: A Z E R T, azert.

     Bueno, como es natural nos recuerda a algo. Uno se dice, ah, claro, los estoicos, por ejemplo, contaban con una palabra secreta, «bliturí», la gran palabra mágica, «bliturí», que para ellos designa la palabra que no dispone de sentido. Así pues, de igual forma, ¿habría que entender «azert» a la manera del enunciado secreto A Z E R T? Para eso hay que seguir con atención algunas páginas de La arqueología, desde la 109 a la 114, que les pedí que leyeran si les era posible.

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