Ficha técnica

Título:  Mi vida en el arte | Autor: Konstantín Stanislavski |  Traducción: Jorge Saura García y Bibicharifa Jakimziánova | Editorial: Alba | Colección: Artes escénicas | Género: Ensayo | ISBN: 9788420414065 | Páginas: 560 | Encuadernación: Rústica | Precio: 25,00 euros

Mi vida en el arte

ALBA

«Es un tormento no estar en condiciones de reproducir con fidelidad lo que con tanta belleza siente uno interiormente. Es una insatisfacción como la que sentiría un mudo que, al tratar de comunicar sus sentimientos a la mujer amada, solo fuese capaz de emitir un monstruoso mugido.» Konstantín Stanislavski

Mi vida en el arte (1925), el libro de memorias de Konstantín Stanislavski, que aquí presentamos en español por primera vez traducido directamente del ruso, por Jorge Saura y Bibicharifa Jakimziánova, es una autobiografía anclada en la labor desarrollada, ya desde la infancia, por el famoso actor, director y pedagogo teatral.

En un camino que parte de la intuición y llega, tras largos desvelos, al «sistema» actoral aún hoy vigente, ilustra de un modo sumamente instructivo su trabajo consigo mismo y con los demás (autores, escenógrafos, pintores, otros directores y actores). Nemiróvich-Dánchenko, Chéjov, Gorki, Isadora Duncan, Maeterlinck, Meyerhold y tantos otros pasan por estas páginas suscitando dudas constructivas y enseñanzas.

Infancia artística  

Terquedad

Nací en Moscú en el año 1863, en el límite de dos épocas. Aún recuerdo algunos restos del régimen de servidumbre1, las velas de sebo, las lámparas de aceite, los tarantás, las dormeuzas, las estafetas de correos, los fusiles de pedernal, los pequeños cañones que parecían juguetes. Ante mi vista comenzaron a surgir en Rusia las vías férreas y los trenes expresos, los barcos de vapor; aparecieron los faros eléctricos, los automóviles, los aeroplanos, los dread-noughts, los submarinos, el telégrafo alámbrico y el inalámbrico, la radiotelefonía y los cañones de doce pulgadas. Así, se pasó de la vela de sebo al faro eléctrico; del tarantás al aeroplano; del bote de vela al submarino; de la estafeta a la radiotelegrafía; del fusil de pedernal a los cañones de tipo Berta; y de la esclavitud al bolchevismo y al comunismo. Verdaderamente se trata de una vida diferente que, en más de una ocasión, ha cambiado los pilares sobre los que se hallaba asentada.

Mi padre, Serguéi Vladímirovich Alekséiev, ruso de pura cepa y moscovita, era fabricante e industrial5. Mi madre, Elizaveta Vasílievna Alekséieva, rusa por parte de padre y de origen francés por parte materna, era hija de la actriz parisiense Vareley, célebre en su tiempo, que había venido de gira a San Petersburgo. La Vareley se casó con un rico propietario de canteras en Finlandia, Vasili Abrámovich Yákovlev, que erigió la Columna de Aleksándrov en la antigua plaza Dvortsóvaia.

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