Ficha técnica

Título: Mi filosofía | Autor: George Soros | Editorial: Taurus | Colección: Taurus Pensamiento | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92649-34-1 | Páginas: 152 | Formato:  13 x 21,5 cm. | Encuadernación: Rústica |  PVP: 17,00 € | Publicación: 17 de Noviembre 2010

Mi filosofía

TAURUS

Soros ha obtenido un éxito sistemático en el mundo de las finanzas, pero su aportación al mundo de la filosofía y los derechos humanos, a través de su Open Society Institute, una red internacional de fundaciones, es también indiscutible. En esta obra logra condensar sus conclusiones tras una intensa vida de reflexión práctica y filosófica.

Mediante un ameno relato en primera persona, Soros nos ofrece en detalle el marco conceptual que lo ha guiado en sus negocios, incluso en medio de la confusión de los mercados y, de manera más general, en la vida. Tras exponer el concepto de sociedad abierta que ha orientado su obra filantrópica global, nos advierte del potencial conflicto entre esta sociedad abierta y el capitalismo. Por último, se centra en el camino que tenemos por delante, analizando con detenimiento el papel cada vez más importante que China desempeñará en el futuro.

«Una magnífica síntesis de la visión del mundo de uno de los hombres más ricos y fascinantes del planeta.» Fareed Zakaria, CNN

«Soros ofrece una atractiva mezcla de autobiografía, análisis de la crisis financiera y explicación de su concepto de «reflexividad» en la economía.» The Guardian

 

PÁGINAS DEL LIBRO

A lo largo de mi vida he ido desarrollando un marco conceptual que me ha ayudado a ganar dinero como administrador de hedge funds, y también a gastar dinero como filántropo centrado en las políticas. Pero el marco conceptual en sí no trata sobre el dinero: trata de la relación entre el pensamiento y la realidad, un tema que ha sido estudiado exhaustivamente por los filósofos desde la Antigüedad. Empecé desarrollando mi filosofía cuando era estudiante en la London School of Economics a finales de los años cincuenta. Me presenté a los exámenes finales con un año de antelación, de forma que tuve un año libre antes de cumplir los requisitos para licenciarme. Pude elegir a mi tutor, y elegí a Karl Popper, el filósofo vienés cuyo libro La sociedad abierta y sus enemigos me había causado una profunda impresión. 

   En sus libros, Popper argumentaba que la verdad empírica no puede conocerse con una certidumbre absoluta. Incluso las leyes científicas no pueden verificarse más allá del mínimo asomo de duda: a menudo pueden ser falsadas por la experimentación. No superar una comprobación es suficiente para falsar, pero ninguna cantidad de pruebas positivas es suficiente para verificar. Las leyes científicas son de carácter hipotético, y su verdad permanece abierta a ser refutada. Las ideologías que alegan estar en posesión de la verdad absoluta realizan una afirmación falsa; por consiguiente pueden imponerse a la sociedad únicamente a la fuerza. Todas las ideologías de ese tipo conducen a la represión. Popper proponía una forma más atractiva de organización social: una sociedad abierta, donde la gente es libre de sostener opiniones divergentes, y donde el imperio de la ley permite que las personas con puntos de vista e intereses distintos vivan juntas y en paz. Tras vivir aquí en Hungría, tanto durante la ocupación alemana como durante la ocupación rusa, la idea de una sociedad abierta se me antojaba enormemente atractiva.

   Mientras leía a Popper también estudiaba teoría económica, y me llamaba la atención la contradicción entre el énfasis de Popper en la comprensión imperfecta y la teoría de la competencia perfecta en economía, que postulaba un conocimiento perfecto. Ello me llevó a empezar a cuestionar los supuestos de la teoría económica. Éstas fueron las dos fuentes de inspiración teórica más importantes para mi filosofía. Había, por supuesto, muchas otras de menor entidad.

   Mi filosofía también está profundamente arraigada en mi historia personal. La experiencia formativa de mi vida fue la ocupación alemana de Hungría en 1944, cuando aún no había cumplido catorce años. Yo procedía de un entorno de clase media razonablemente acomodada, y de repente tuve que enfrentarme con la perspectiva de que me deportaran y me asesinaran por el simple hecho de ser judío. Afortunadamente, mi padre estaba bien preparado para esta experiencia, alejada del equilibrio. Él había vivido la Revolución rusa, que había sido la experiencia formativa de su vida. Hasta entonces él había sido un joven ambicioso. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se presentó voluntario para servir en el Ejército austrohúngaro. Fue hecho prisionero por los rusos y conducido a Siberia en calidad de prisionero de guerra. Al ser ambicioso, se convirtió en el director de un periódico producido por los prisioneros. Estaba escrito a mano, y se exhibía en un tablón, así que se titulaba El Tablón. Eso le dio tanta popularidad que fue elegido representante de los prisioneros.

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