Ficha técnica

Título:  Mi abuelo llegó esquiando | Autor:  Daniel Katz |  Traducción del finlandés: Dulce Fernández Anguita y José Antonio Ruiz | Editorial: Libros del Asteroide | Género: Novela | ISBN: 978-84-92663-41-5 | Páginas: 240 | Formato:  12,5 x 20 cm. | PVP: 16,95 € | Publicación: 13 de Junio de 2011

Mi abuelo llegó esquiando

LIBROS DEL ASTEROIDE

Mi abuelo llegó esquiando está compuesta de historias. Historias y recuerdos que conforman la identidad de una familia judía de origen ruso instalada en Finlandia desde principios del siglo XX: la de Benno, corneta del ejército del zar, que salió de Rusia tratando de dejar atrás el clima antisemita de su país; la de su padre, un contrabandista que llegó a Finlandia esquiando; la de su hijo Arje, militante comunista que durante la segunda guerra mundial luchó en el bando alemán contra los soviéticos; y, sobre todo, la del nieto de Benno, en quien convergen las trayectorias de sus antepasados. Su voz, irónica y melancólica, será la que otorgue sentido a todas esas historias, buscando al mismo tiempo en ellas sus propias raíces, aunque no sepamos si lo hace para encontrar su verdadera esencia o para librarse definitivamente de ellas.

Daniel Katz recreó en esta novela, una de sus obras más famosas, la llegada de sus antepasados desde Rusia a Finlandia. Valiéndose de un humor muy especial, Mi abuelo llegó esquiando nos ofrece una particularísima visión no solo de la historia de su país, Finlandia, sino también de la de gran parte del continente europeo.

«Daniel Katz es un narrador sin igual al que hay saludar como merece.» Livres Hebdo

«Cuando uno lee a Daniel Katz siente que el sentido de la vida se vuelve absurdamente profundo al tiempo que se libera.» Antti Majander Helsingin Sanomat

«El látigo satírico de Katz silba que da gusto». Jukka Petäjä Helsingin Sanomat

 

El dilema de Benno 

Cuando mi abuelo Benno alcanzó los ciento cincuenta centímetros de estatura y su cabeza un tamaño considerable, estalló la guerra entre Rusia y Japón, quizá la más absurda de todas las guerras. Como suboficial del ejército del zar, le ordenaron que acabara con los pequeños, concienzudos y bravos japoneses. El ministro de guerra del zar Nicolás lo hizo llamar a su presencia y le dijo:

   -Benno, nuestra amenazada madre patria le exige que acabe con esos japoneses diminutos y traicioneros.

   Mi abuelo, riendo entre dientes, se dijo: «Es una guerra imperialista, y yo soy un hombre pequeño».

   Aún era más pequeño cuando los cosacos llegaron a su aldea (¿Chlebsk? ¿Chlobsk?), al este de la ciudad de Polotsk, en la gobernación general de Vitebsk. Los cosacos llegaron a una aldea miserable, poblada por un par de centenares de judíos, pobres como ratas, que vivían de venderse trastos usados y vino pascual de contrabando los unos a los otros; a estos había que sumarles algunos miembros de la familia Rotschild que, por alguna extraña razón, se habían quedado en la aldea y en las fiestas mayores se dedicaban a los juegos de azar y las obras de caridad, lo cual equivalía a mantener con vida, aunque hambrientos, a sus pobres parientes, como si les estuvieran haciendo la respiración artificial. Los niños de pecho debían acostumbrarse a comer pan negro y cebolla desde bien pequeños. A menudo gateaban entre las piernas de sus míseros progenitores, chupando trapos empapados en vino.

   Casi la mitad de los habitantes de la aldea eran bielorrusos. Cultivaban las tierras del pan Wissotsky y se rascaban complacidos detrás de las orejas mientras escupían. Algunos pedían préstamos a los Rotschild para comprar pequeñas parcelas de cultivo a los pan polacos. Los judíos no podían poseer tierras. A veces los bielorrusos se contrariaban cuando no podían hacer frente a los préstamos de los Rotschild, que eran judíos ricos. Para consolarse, organizaban modestos pogromos en el transcurso de los cuales mataban a decenas de judíos pobres. En una ocasión, un grupo de jóvenes judíos formaron un cuerpo de defensa que partió a Palestina, donde los árabes sufrieron su sangrienta venganza por las atrocidades cometidas por los bielorrusos.

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