Ficha técnica

Título: Mercier y Camier | Autor: Samuel Beckett| Traducción: José Francisco Fernández | Editorial: Confluencias | Colección: Gerald Brenan excentricos heterodoxos | ISBN: 978-84-941691-8-2 | Páginas: 176 | Formato: 13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica |  Género: Novela | Precio: 15,00 €   | Publicación: 2013

Mercier y Camier

CONFLUENCIAS

Una obra maestra olvidada en un cajón «Le dije que la había leído y que era una obra maestra, pero me respondió que no era tan buena, y que en la traducción había eliminado una cuarta parte. Sin embargo, un rato después se me acercó para preguntarme si realmente creía que su obra era buena. Los escritores muchas veces no entienden lo que hacen y Beckett odiaba su trabajo, y no podía juzgarlo», recordaba en 2012 Paul Auster en una velada literaria en Nueva York. Quizá el escritor estadounidense sea el mayor defensor de la valía de esta novela de Samuel Beckett, ya desde que en 1975 escribiera una reseña para la revista Commentary. Beckett había escrito Mercier y Camier en 1946 en unas condiciones de extrema pobreza, teniendo además muy recientes sus experiencias en la Francia ocupada y, más alejadas en el tiempo, sus vivencias de juventud en una Irlanda asfixiante de la que siempre quiso huir. Era su primera obra escrita en francés y al no encontrar editor en su momento, la mantuvo escondida en un cajón. Tuvo que recibir el Premio Nobel en 1969 para que esta pequeña y divertidísima obra viera la luz, ante la exigencia de su editor para que le diera material que publicar de inmediato. 

 

I

El viaje de Mercier y Camier es algo de lo que si quiero puedo hablar, porque estuve con ellos todo el tiempo.

Fue bastante llevadero en cuanto a esfuerzo físico se refiere, sin mares ni fronteras que cruzar, a través de regiones accesibles en conjunto aunque inhóspitas en algunos tramos. Mercier y Camier no salieron del país, en eso tuvieron mucha suerte. No tuvieron que enfrentarse con mayor o menor fortuna a caminos, idiomas, leyes, cielos o alimentos que les fueran extraños, en entornos que se parecieran poco a los que primero de niños, después de jóvenes y finalmente de adultos ya estuvieran acostumbrados. El tiempo, aunque a menudo desapacible (pero no conocían otra cosa), nunca excedía unos límites moderados; esto es, lo que un lugareño debidamente abrigado y calzado podría soportar sin peligro aunque no sin fastidio. En cuanto al dinero, si bien no les llegaba para viajar en primera clase o para quedarse en los mejores hoteles, aun así era suficiente para ir ti rando de aquí para allá, sin tener que pedir limosna. En
este sentido, por tanto, se puede decir que hasta cierto punto también tuvieron suerte. Pasaron penalidades, sin duda, pero menos de las que muchos tienen que pasar, menos quizá que la mayoría de los que se arriesgan a partir, empujados por una necesidad a veces imperiosa y a veces menos evidente.

     Lo habían hablado largo y tendido antes de embarcarse en este viaje, sopesando con toda la calma de la que eran capaces los beneficios que podrían esperar, así como los perjuicios que les podría ocasionar, alternando las consideraciones más sombrías con las más halagüeñas. Lo único que sacaron en claro de estos debates fue la certeza de no lanzarse a la ligera hacia lo desconocido.

     Camier fue el primero en llegar al sitio acordado. Eso quiere decir que cuando llegó, Mercier no estaba allí. En realidad Mercier se le había anticipado sus buenos diez minutos. No fue Camier, por tanto, sino Mercier, el primero en llegar.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]